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La poderosa obra continúa

Seguir adelante

Seguir adelante

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

Fuente: No te detengas de Walt Whitman en PersonArte

Estanterías del miedo.

Silencios en lágrimas.

Corazones en pausa,
aun por desenterrar.

Rosas en un paréntesis,
aun por vestir,
aun por perfumar.

Miradas hacia atrás,
miradas por descubrir.

Gotas que abandonan mi techo.

Cohetes que besan el cielo.

Obras que continuarán.

La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante. (Sören Aabye Kierkegaard)

It drips on my head through a hole in the roof

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El hombre invisible

El hombre invisible

El hombre invisible

Yo me río,
me sonrío
de los viejos poetas,
yo adoro toda
la poesía escrita,
todo el rocío,
luna, diamante, gota
de plata sumergida,
que fue mi antiguo hermano,
agregando a la rosa,
pero
me sonrío,
siempre dicen “yo,”
a cada paso
les sucede algo,
es siempre “yo,”
por las calles
sólo ellos andan
o la dulce que aman,
nadie más,
no pasan pescadores,
ni libreros,
no pasan albañiles,
nadie se cae
de un andamio,
nadie sufre,
nadie ama,
sólo mi pobre hermano,
el poeta,
a él le pasan
todas las cosas
y a su dulce querida,
nadie vive
sino él solo,
nadie llora de hambre
o de ira,
nadie sufre en sus versos
porque no puede
pagar el alquiler,
a nadie en poesía
echan a la calle
con camas y con sillas
y en las fábricas
tampoco pasa nada,
no pasa nada,
se hacen paraguas, copas,
armas, locomotoras,
se extraen minerales
rascando el infierno,
hay huelgas,
vienen soldados,
disparan,
disparan contra el pueblo,
es decir,
contra la poesía,
y mi hermano
el poeta
estaba enamorado,
o sufría
porque sus sentimientos
son marinos,
ama los puertos
remotos, por sus nombres,
y escribe sobre océanos
que no conoce,
junto a la vida, repleta
como el maíz de granos,
él pasa sin saber
desgranarla,
él sube y baja
sin tocar la tierra,
o a veces
se siente profundísimo
y tenebroso,
él es tan grande
que no cabe en sí mismo,
se enreda y desenreda,
se declara maldito,
lleva con gran dificultad la cruz
de las tinieblas,
piensa que es diferente
a todo el mundo,
todos los días come pan
pero no ha visto nunca
un panadero
ni ha entrado a un sindicato
de panificadores,
y así mi pobre hermano
se hace oscuro,
se tuerce y se retuerce
y se halla
interesante,
interesante,
ésta es la palabra,
yo no soy superior
a mi hermano
pero sonrío,
porque voy por las calles
y sólo yo no existo,
la vida corre
como todos los ríos,
yo soy el único
invisible,
no hay misteriosas sombras,
no hay tinieblas,
todo el mundo me habla,
me quieren contar cosas,
me hablan de sus parientes,
de sus miserias
y de sus alegrías,
todos pasan y todos
me dicen algo,
y cuántas cosas hacen!:
cortan maderas,
suben hilos eléctricos,
amasan hasta tarde en la noche
el pan de cada día,
con una lanza de hierro
perforan las entrañas
de la tierra
y convierten el hierro
en cerraduras,
suben al cielo y llevan,
cartas, sollozos, besos,
en cada puerta
hay alguien,
nace alguno,
o me espera la que amo,
y yo paso y las cosas
me piden que las cante,
yo no tengo tiempo,
debo pensar en todo,
debo volver a la casa,
pasar al Partido,
qué puedo hacer,
todo me pide
que hable,
todo me pide
que cante y cante siempre,
todo está lleno
de sueños y sonidos,
la vida es una caja
llena de cantos, se abre
y vuela y viene
una bandada
de pájaros
que quieren contarme algo
descansando en mis hombros,
la vida es una lucha
como un río que avanza
y los hombres
quieren decirme,
decirte,
por qué luchan,
si mueren,
por qué mueren,
y yo paso y no tengo
tiempo para tantas vidas,
yo quiero
que todos vivan
en mi vida
y cante en mi canto,
yo no tengo importancia,
no tengo tiempo,
para mis asuntos,
de noche y de día
debo anotar lo que pasa,
y no olvidar a nadie.
Es verdad que de pronto
me fatigo
y miro las estrellas,
me tiendo en el pasto, pasa
un insecto color de violín,
pongo el brazo
sobre un pequeño seno
o bajo la cintura
de la dulce que amo,
y miro el terciopelo
duro
de la noche que tiembla
con sus constelaciones congeladas,
entonces
siento subir a mi alma
la ola de los misterios,
la infancia,
el llanto en los rincones,
la adolescencia triste,
y me da sueño,
y duermo
como un manzano,
me quedo dormido
de inmediato
con las estrellas o sin las estrellas,
con mi amor o sin ella,
y cuando me levanto
se fue la noche,
la calle ha despertado antes que yo,
a su trabajo
van las muchachas pobres,
los pescadores vuelven
del océano,
los mineros
van con zapatos nuevos
entrando en la mina,
todo vive,
todos pasan,
andan apresurados,
y yo tengo apenas tiempo
para vestirme,
yo tengo que correr:
ninguno puede
pasar sin que yo sepa
adónde va, qué cosa
le ha sucedido.
No puedo
sin la vida vivir,
sin el hombre ser hombre
y corro y veo y oigo
y canto,
las estrellas no tienen
nada que ver conmigo,
la soledad no tiene
flor ni fruto.
Dadme para mi vida
todas las vidas,
dadme todo el dolor
de todo el mundo,
yo voy a transformarlo
en esperanza.
Dadme
todas las alegrías,
aun las más secretas,
porque si así no fuera,
cómo van a saberse?
Yo tengo que contarlas,
dadme
las luchas
de cada día
porque ellas son mi canto,
y así andaremos juntos,
codo a codo,
todos los hombres,
mi canto los reúne:
el canto del hombre invisible
que canta con todos los hombres.

Fuente: El hombre invisible de Pablo Neruda en El grito capicua

Este fabuloso poema de Pablo Neruda es uno de aquellos en el cual el poeta, como representante de un genero, da un paso atras y se coloca al mismo nivel que sus paisanos. El yo se sumerge en el nosotros.

Tal como apuntó Nicanor Parra en referencia a este periodo de maduración de Pablo Neruda (“el periodo más rico de todos“, según palabras del apuntador):

El espíritu del poeta se proyecta en todas direcciones con una generosidad que no reconoce límites, com un trigal de las colinas de Pillanlelbún, o como una viña de los alrededores de Chillán: el momento de la lucha con el dragón y el momento de la victoria definitiva.

En “El hombre invisible” se ve concentrada en una sola imagen la esencia del conflicto nerudiano, que no es otro que el conflicto central del hombre moderno, el paso del yo al nosotros.

Está claro.
Al hombre invisible se le apagaron las luces.

Eran bombillas de ocasión,
compradas en antiguos almacenes del hambre.

Algunas simplemente se fundieron,
otras realmente nunca funcionaron.

Quedó irremediablemente envuelto en misterio.
Aun así, el misterio se tornó más claro en la oscuridad.

El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible. (Oscar Wilde)

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Mi némesis

The Remorse of Orestes by William-Adolphe Bouguereau

Las Furias, en representación de Némesis, persiguiendo a Orestes

A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
He visto bostezar al oscuro universo,
Donde los negros planetas giran sin objeto,
Donde los negros planetas giran en un sordo horror,
Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.

He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
Con gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.

Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
De la inmemorial espesura originaria,
Donde los robles sienten la presencia que avanza
Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
Entre las ramas que se extienden en lo alto.

He deambulado por montañas horadadas de cavernas
Que surgen estériles y desoladas en la llanura,
He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
Que me guardaré de no volver a ver.

He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
He hollado sus estancias deshabitadas,
Donde la luna se eleva por encima de los valles
E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente
Que no soporto recordar.

Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
Las macilentas praderas del entorno,
El pueblo de múltiples tejados abatido
Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
Y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
Ansiosamente la erupción de un sonido.

He frecuentado las tumbas de los siglos,
En brazos del miedo he sido transportado
Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
Y en reinos donde el sol del desierto consume
Aquello que jamás volverá a animarse.

Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
Yo era viejo en aquellas épocas incalculables,
Cuando yo, sólo yo, era astuto;
Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
En la gloria de la lejana isla del Ártico.

Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
Y grande es la duración de su condena;
La piedad del cielo no puede reconfortarle,
Ni encontrar reposo en la tumba:
Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas
De las despiadadas tinieblas.

A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

Fuente: Némesis de H.P. Lovecraft en El Espejo Gótico

H.P. Lovecraft y su Némesis

Lovecraft

Lovecraft

No hace mucho, como resultado de una (casi eterna) mudanza, me encontraba recolocando libros en lejanos estantes.

Mientras lo hacía, podía rememorar el extraño poder que les otorgamos: los libros son portadores de reflexiones y sentimientos, son conductores de (alegres y tristes) lágrimas. Postreramente, melancólicos recuerdos de mundos no vividos.

Después de colocados todos, me pregunté ¿de qué autor poseo más libros? Con una simple ojeada, la respuesta era obvia: H.P. Lovecraft. Debo poseer la mayoría de su obra, eso salta a la vista.

Fue (junto a Edgar Allan Poe) una de mis pasiones de juventud. Yo era un joven ávido de imaginarios y terroríficos mundos paralelos. La cuestión era huir de aquel mundo tan aburrido y previsible que se mostraba por la opaca ventana de una habitación sin vistas.

Hasta ahora (ingrato de mi) no le había dedicado ninguna reseña en este espacio, Rojo Transitorio. Ahora me reconcilio con él a través de uno de sus más bellas composiciones: aquella dedicada a Némesis.

La profunda mirada de Lovecraft era capaz de ver detrás de las máscaras. Su visión era aguda. Era mensajero de secretos y premoniciones. Intuía el cambio de formas. Fue el enlace entre un mundo oscuro e invisible y un mundo de luz. Se sentía cómodo y libre en la sombra, bebiendo del poder de la luna. Aunque, por gracia y por desgracia, su insondable mirada quedó sumida en el horror y en la locura.

El talento de H.P. Lovecraft fue interminable, como novelista y como poeta. Su disfrute debería ser asimismo inagotable.

La ambivalente Némesis griega

Némesis por Gheorghe Tattarescu

Némesis

El sentido etimológico de Némesis es de origen griego y es un sentido, como poco, ambivalente. Es la justa fuerza compensadora de otra fuerza contraria. Es la justa reacción a la acción. Pero ¿qué significa justa? ¿qué es justo?

Evidentemente lo justo proviene de la justicia. Y ya se sabe(?) que toda justicia implica algún tipo de castigo, algún tipo de venganza.

Es curioso como los humanos asociamos la equitativa distribución de la justicia (¿no había una balanza de por medio?) al castigo y la venganza. No a la indulgencia, ni al perdón, ni siquiera a la benevolencia. Remarcamos la represalia, el ajuste de cuentas… la vendetta.

Por tanto la diosa griega representante de la justicia ha quedado sesgada. Ya no hay contrapunto. El contrapunto se perdió en algún punto del caminar de los siglos. El significado divino fue abandonado (en la cuneta) por el signo humano. La benevolencia se corrompió. Sólo quedó la furia.

Una furia que periódicamente gobierna a la amiga imaginaria de nuestra estrella. Nada es casual, ni siquiera en el mundo de la imaginación.

Mi querida némesis

Este sencillo poema está dedicado a mi némesis. Dicen que Merlín venció a Morgana cuando le dio la espalda y dejó de pensar en ella. En ese instante, aquella hada perdió su poder y desapareció.

Tú, mi némesis,
fuiste justa compensadora de mi egoismo
cristal de mi opaca soledad,
espejo de mi abandonado deseo.

Tú, mi némesis,
fuiste acosadora de mi culpa,
liviana portadora de mi castigo,
ferrea montura para mis furias.

Tú, mi némesis,
fuiste equilibrio en mi universo,
mi fuente de eterna gratitud
mi pozo de energías perdidas.

Tú, mi némesis,
fuiste quien más me enseñó,
quien más me hundió, quien más me dio,
quien más me rechazó, quien más me amó.

Tú, mi némesis,
fuiste, y ya no serás.
Esa es mi aspiración más dócil.
Esa será mi venganza más cruel.

La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible. (Johann Wolfgang Goethe)

Morgana

La sensual hada Morgana

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La magia de los momentos

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.

Fuente: Poema Instantes en Poemas del Alma

Los mayores momentos de la vida vienen por sí solos. No tiene sentido esperarlos. (Thornton Niven Wilder)

Momentos

Momentos mágicos

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Colecho por un sueño feliz

Colecho

Colecho

El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.

Y vuelve a sonreír porque en su rueca
el hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.

La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.

Fuente: Los sueños de Antonio Machado en Poemas del Alma

El colecho (o cama compartida) es una posibilidad a la hora de compartir sueño con los hijos. Parece una opción sumamente natural (de hecho, siempre ha estado allí, desde el principio de la humanidad) y ya se sabe que la naturaleza es muy sabia.

Una opción en la cual dos hadas laboriosas (una madre y un padre) comparten cama con sus hijos y se dedican a tejer sueños con ruecas de marfil y plata, de forma conjunta. Esas hadas rescatarán copos de nieve en forma de lágrimas que traspasen el mundo del sueño de sus hijos… Ningún sueño se desvanecerá más… ¿puede existir algo más hermoso?

Porque ninguna lágrima rescata nunca el mundo que se pierde ni el sueño que se desvanece. (Juana de Ibarbourou)

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Lealtad

pintando un mar de azul

Pintando un mar de azul

Si quisiéramos buscar,
esta virtud media extraña,
habrá que hurgar en la entraña, con mesurada pasión.

Colocar nuestra razón, sobre un tul que no se empaña,
para espulgar la calaña,
de un sombrío corazón.

Dicen habita en la unión,
de la gran fidelidad,
frente de la honestidad, y cerca de la franqueza.

Es hija de la nobleza, y habla con sinceridad,
con ella no hay soledad,
es compañía y pureza.

La lealtad es la certeza,
de una absoluta honradez,
vivir sin más timidez, exentos de la traición.

Lealtad es obligación, sin repliegues ni revés,
el más santo y justo juez,
que emerge del corazón.

Está en toda relación,
del hombre y su convivencia,
alojada en la conciencia, dándole tranquilidad.

En el amor es verdad, de espalda a la malquerencia,
dulce paz y transparencia,
¡¡que viva la lealtad!!

Autor: Eliseo León Pretell
Fuente: La lealtad en Abelardo Cano

La lealtad tiene un corazón tranquilo. (William Shakespeare)

Pintando estrellas de plata

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Los hijos de la vida

imaginación...creatividad...evolución

Imaginación…creatividad…evolución…vida

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.

No vienen de ti, sino a traves de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinacion
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Poema: Tus hijos no son tus hijos de Kahlil Gibran
Fuente: Un mensaje para ti

No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas. (Louis Pasteur)

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Sensibilidad zen

Zen

Zen

¿De dónde vino mi vida?

¿Dónde irá?

Junto a las ventanas de mi tosca choza
busco mi corazón en silencio profundo.

Aunque busco y busco,
no encuentro dónde empezó todo,
¿cómo voy a encontrar su final?

Ni el momento presente se puede captar;
todo cambia, todo es vacío:
este yo solo existe por un momento en esa vacuidad.

¿Cómo decir si algo es o no es?

Es mejor quedarse con esos pensamientos pequeños,
dejar que las cosas sigan su curso sencillamente
y así, ser natural y tranquilo.

Autor: Daigu Ryokan
Fuente: Poema Zen de Daigu Ryokan en Antheis, El Paladín

Daigu Ryokan fue un gran maestro y poeta japonés dentro de la tradición del Budismo Zen. Su maestro Dainin Kokusen lo bautizó como Ryokan (inmensa bondad) y el mismo, a la muerte de su maestro, se antepuso Daigu (gran idiota)

El hizo de su vida una antología de bondad y poesía, de generosidad y sensibilidad. Si un hombre así decidió llamarse a si mismo gran idiota, me pregunto que seremos los demás. Yasunari Kawabata definió su poesía en los siguientes términos:

La síntesis de poesía y el conocimiento, un conocimiento del que la palabra puede valer como el silencio. (Fuente: Daigu Ryokan en Ashram Arunachala)

Palabras y silencios. Ya me dijo una vez mi abuelo paterno (que en paz descanse): si no tienes algo importante que decir, mejor que estés callado.

Aunque esta aseveración, tomada al pie de la letra, te convierte en un mudo en potencia, pienso que mi abuelo no andaba desencaminado. Yo, tomándome su afirmación al pie de la letra, durante mucho tiempo fui demasiado parco en palabras, demasiado extremo en silencios. No supe interpretar correctamente aquellas sabias palabras.

Mejor callar las palabras superfluas. Mejor dejar reposar los pensamientos agitados. Mejor permitir que nuestra momentánea calima, en brazos de un suave viento, descanse sobre el inmenso mar de nuestra alma.

Libre de ataduras, como una bruma arrastrada por el aire, me dejo llevar hasta donde me quiera dejar el viento. (Daigu Ryokan)

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Ser o interser, he aquí la cuestión

Un pájaro poeta mirando una nube de papel

Un poeta sediento mirando una nube de papel

Si eres poeta, verás claramente que flota una nube en esta hoja de papel. Sin nube, no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no crecen; y sin árboles, no podremos hacer papel. Para la existencia del papel es esencial la nube. Si no está la nube, tampoco puede estar el papel. Así, podemos decir que la nube y el papel inter-son. La palabra “interser” aun no esta en el diccionario, pero si combinamos el prefijo inter con el verbo ser, tenemos un nuevo verbo, interser. Sin una nube, no podemos tener papel, de modo que es posible decir que la nube y la hoja de papel inter-son.

Si miramos más profundamente esta hoja de papel, veremos en ella la luz del sol. Sin la luz del sol, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Aún nosotros no podemos crecer sin la luz del sol. Así pues, sabemos que el sol también está en esta hoja de papel. El papel y el sol inter-son. Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo trajo al molino para transformarlo en papel. Y podemos ver el trigo. Sabemos que el leñador no puede vivir sin el pan cotidiano, así que el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están. Cuando lo vemos así, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir.

Mirando aún con mayor profundidad, vemos que nosotros también estamos en ella. Esto no es difícil de ver, porque cuando miramos una hoja de papel, forma parte de nuestra percepción. Tu mente está aquí y la mía también. Así que podemos decir que todo está aquí en esta hoja de papel – el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales de la tierra, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel. Es por ello que creo que la palabra interser debería estar en el diccionario. “Ser” es interser. No puedes ser por ti mismo; tienes que interser con todas las demás cosas. Esta hoja de papel es, porque todo lo demás es.

Supongamos que tratamos de regresar uno de los elementos a su origen. Supongamos que regresamos la luz al sol. ¿Crees que esta hoja de papel sería posible? No, sin la luz de sol nada puede ser. Y si regresamos al leñador a su madre, tampoco tenemos papel. El hecho es que esta hoja esta hecha sólo de elementos que no son papel. Y si regresamos estos elementos a sus orígenes, no puede haber papel del todo. Sin los elementos que no son papel, como la mente, el leñador, la luz del sol, no habrá papel. Así de delgada como es, esta hoja de papel contiene todo el universo.
Extracto del libro Ser paz y el corazón de la comprensión de Thich Nhat Hanh
Fuente: Interser en Que se abra tu corazón como las flores

Una ley de causalidad universal

Otra vez el gran poeta/maestro budista Thich Nhat Hanh nos ilumina con su inagotable sabiduría en este bellísimo texto. Describiendo de forma sencilla una ley de causalidad que nos vincula con el resto del universo: el pasado, el presente… y el futuro.

Existimos relacionados con todo lo demás. Esta interrelación forma parte de una ley de causalidad universal que la tradición budista denomina karma.

Somos una misma cosa con todo lo que ha existido, existe… o existirá.
No somos por nosotros mismos.
Ni mucho menos, somos lo que tenemos.

Si soy lo que tengo y lo que tengo lo pierdo, entonces ¿Quién soy? (Erich Fromm)

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Soledad espacial

El olor y el sabor de la soledad

Dicen que la soledad encierra infiernos
e imperios de la conciencia,
muros demasiado altos
o fronteras invisibles.

Dicen que en la soledad
solo encontramos
lo que ésta se ha llevado,
lo que ésta nos ha dejado:
una ausencia de tacto y de sonido,
una plenitud de silencios y amarguras.

Que es una suerte,
como el verde aroma
de pastos recién regados,
o una desgracia,
como la yerma visión
de campos por el fuego arrasados.

Yo solo sé que la soledad,
cuando es buscada,
es grata
cual satisfecha luz
de la luna más colmada;
y cuando es forzada,
es ingrata
cual pegajosa oscuridad
del espacio más profundo.

Yo solo sé que la soledad,
errante o sedentaria,
brillante o pálida,
me ha invocado por nostalgia,
me ha invadido por retirada.

La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo. (Gustavo Adolfo Bécquer)

Space alone

Space alone

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