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La poderosa obra continúa

Seguir adelante

Seguir adelante

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

Fuente: No te detengas de Walt Whitman en PersonArte

Estanterías del miedo.

Silencios en lágrimas.

Corazones en pausa,
aun por desenterrar.

Rosas en un paréntesis,
aun por vestir,
aun por perfumar.

Miradas hacia atrás,
miradas por descubrir.

Gotas que abandonan mi techo.

Cohetes que besan el cielo.

Obras que continuarán.

La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante. (Sören Aabye Kierkegaard)

It drips on my head through a hole in the roof

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El hombre invisible

El hombre invisible

El hombre invisible

Yo me río,
me sonrío
de los viejos poetas,
yo adoro toda
la poesía escrita,
todo el rocío,
luna, diamante, gota
de plata sumergida,
que fue mi antiguo hermano,
agregando a la rosa,
pero
me sonrío,
siempre dicen “yo,”
a cada paso
les sucede algo,
es siempre “yo,”
por las calles
sólo ellos andan
o la dulce que aman,
nadie más,
no pasan pescadores,
ni libreros,
no pasan albañiles,
nadie se cae
de un andamio,
nadie sufre,
nadie ama,
sólo mi pobre hermano,
el poeta,
a él le pasan
todas las cosas
y a su dulce querida,
nadie vive
sino él solo,
nadie llora de hambre
o de ira,
nadie sufre en sus versos
porque no puede
pagar el alquiler,
a nadie en poesía
echan a la calle
con camas y con sillas
y en las fábricas
tampoco pasa nada,
no pasa nada,
se hacen paraguas, copas,
armas, locomotoras,
se extraen minerales
rascando el infierno,
hay huelgas,
vienen soldados,
disparan,
disparan contra el pueblo,
es decir,
contra la poesía,
y mi hermano
el poeta
estaba enamorado,
o sufría
porque sus sentimientos
son marinos,
ama los puertos
remotos, por sus nombres,
y escribe sobre océanos
que no conoce,
junto a la vida, repleta
como el maíz de granos,
él pasa sin saber
desgranarla,
él sube y baja
sin tocar la tierra,
o a veces
se siente profundísimo
y tenebroso,
él es tan grande
que no cabe en sí mismo,
se enreda y desenreda,
se declara maldito,
lleva con gran dificultad la cruz
de las tinieblas,
piensa que es diferente
a todo el mundo,
todos los días come pan
pero no ha visto nunca
un panadero
ni ha entrado a un sindicato
de panificadores,
y así mi pobre hermano
se hace oscuro,
se tuerce y se retuerce
y se halla
interesante,
interesante,
ésta es la palabra,
yo no soy superior
a mi hermano
pero sonrío,
porque voy por las calles
y sólo yo no existo,
la vida corre
como todos los ríos,
yo soy el único
invisible,
no hay misteriosas sombras,
no hay tinieblas,
todo el mundo me habla,
me quieren contar cosas,
me hablan de sus parientes,
de sus miserias
y de sus alegrías,
todos pasan y todos
me dicen algo,
y cuántas cosas hacen!:
cortan maderas,
suben hilos eléctricos,
amasan hasta tarde en la noche
el pan de cada día,
con una lanza de hierro
perforan las entrañas
de la tierra
y convierten el hierro
en cerraduras,
suben al cielo y llevan,
cartas, sollozos, besos,
en cada puerta
hay alguien,
nace alguno,
o me espera la que amo,
y yo paso y las cosas
me piden que las cante,
yo no tengo tiempo,
debo pensar en todo,
debo volver a la casa,
pasar al Partido,
qué puedo hacer,
todo me pide
que hable,
todo me pide
que cante y cante siempre,
todo está lleno
de sueños y sonidos,
la vida es una caja
llena de cantos, se abre
y vuela y viene
una bandada
de pájaros
que quieren contarme algo
descansando en mis hombros,
la vida es una lucha
como un río que avanza
y los hombres
quieren decirme,
decirte,
por qué luchan,
si mueren,
por qué mueren,
y yo paso y no tengo
tiempo para tantas vidas,
yo quiero
que todos vivan
en mi vida
y cante en mi canto,
yo no tengo importancia,
no tengo tiempo,
para mis asuntos,
de noche y de día
debo anotar lo que pasa,
y no olvidar a nadie.
Es verdad que de pronto
me fatigo
y miro las estrellas,
me tiendo en el pasto, pasa
un insecto color de violín,
pongo el brazo
sobre un pequeño seno
o bajo la cintura
de la dulce que amo,
y miro el terciopelo
duro
de la noche que tiembla
con sus constelaciones congeladas,
entonces
siento subir a mi alma
la ola de los misterios,
la infancia,
el llanto en los rincones,
la adolescencia triste,
y me da sueño,
y duermo
como un manzano,
me quedo dormido
de inmediato
con las estrellas o sin las estrellas,
con mi amor o sin ella,
y cuando me levanto
se fue la noche,
la calle ha despertado antes que yo,
a su trabajo
van las muchachas pobres,
los pescadores vuelven
del océano,
los mineros
van con zapatos nuevos
entrando en la mina,
todo vive,
todos pasan,
andan apresurados,
y yo tengo apenas tiempo
para vestirme,
yo tengo que correr:
ninguno puede
pasar sin que yo sepa
adónde va, qué cosa
le ha sucedido.
No puedo
sin la vida vivir,
sin el hombre ser hombre
y corro y veo y oigo
y canto,
las estrellas no tienen
nada que ver conmigo,
la soledad no tiene
flor ni fruto.
Dadme para mi vida
todas las vidas,
dadme todo el dolor
de todo el mundo,
yo voy a transformarlo
en esperanza.
Dadme
todas las alegrías,
aun las más secretas,
porque si así no fuera,
cómo van a saberse?
Yo tengo que contarlas,
dadme
las luchas
de cada día
porque ellas son mi canto,
y así andaremos juntos,
codo a codo,
todos los hombres,
mi canto los reúne:
el canto del hombre invisible
que canta con todos los hombres.

Fuente: El hombre invisible de Pablo Neruda en El grito capicua

Este fabuloso poema de Pablo Neruda es uno de aquellos en el cual el poeta, como representante de un genero, da un paso atras y se coloca al mismo nivel que sus paisanos. El yo se sumerge en el nosotros.

Tal como apuntó Nicanor Parra en referencia a este periodo de maduración de Pablo Neruda (“el periodo más rico de todos“, según palabras del apuntador):

El espíritu del poeta se proyecta en todas direcciones con una generosidad que no reconoce límites, com un trigal de las colinas de Pillanlelbún, o como una viña de los alrededores de Chillán: el momento de la lucha con el dragón y el momento de la victoria definitiva.

En “El hombre invisible” se ve concentrada en una sola imagen la esencia del conflicto nerudiano, que no es otro que el conflicto central del hombre moderno, el paso del yo al nosotros.

Está claro.
Al hombre invisible se le apagaron las luces.

Eran bombillas de ocasión,
compradas en antiguos almacenes del hambre.

Algunas simplemente se fundieron,
otras realmente nunca funcionaron.

Quedó irremediablemente envuelto en misterio.
Aun así, el misterio se tornó más claro en la oscuridad.

El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible. (Oscar Wilde)

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Mi némesis

The Remorse of Orestes by William-Adolphe Bouguereau

Las Furias, en representación de Némesis, persiguiendo a Orestes

A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
He visto bostezar al oscuro universo,
Donde los negros planetas giran sin objeto,
Donde los negros planetas giran en un sordo horror,
Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.

He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
Con gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.

Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
De la inmemorial espesura originaria,
Donde los robles sienten la presencia que avanza
Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
Entre las ramas que se extienden en lo alto.

He deambulado por montañas horadadas de cavernas
Que surgen estériles y desoladas en la llanura,
He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
Que me guardaré de no volver a ver.

He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
He hollado sus estancias deshabitadas,
Donde la luna se eleva por encima de los valles
E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente
Que no soporto recordar.

Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
Las macilentas praderas del entorno,
El pueblo de múltiples tejados abatido
Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
Y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
Ansiosamente la erupción de un sonido.

He frecuentado las tumbas de los siglos,
En brazos del miedo he sido transportado
Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
Y en reinos donde el sol del desierto consume
Aquello que jamás volverá a animarse.

Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
Yo era viejo en aquellas épocas incalculables,
Cuando yo, sólo yo, era astuto;
Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
En la gloria de la lejana isla del Ártico.

Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
Y grande es la duración de su condena;
La piedad del cielo no puede reconfortarle,
Ni encontrar reposo en la tumba:
Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas
De las despiadadas tinieblas.

A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

Fuente: Némesis de H.P. Lovecraft en El Espejo Gótico

H.P. Lovecraft y su Némesis

Lovecraft

Lovecraft

No hace mucho, como resultado de una (casi eterna) mudanza, me encontraba recolocando libros en lejanos estantes.

Mientras lo hacía, podía rememorar el extraño poder que les otorgamos: los libros son portadores de reflexiones y sentimientos, son conductores de (alegres y tristes) lágrimas. Postreramente, melancólicos recuerdos de mundos no vividos.

Después de colocados todos, me pregunté ¿de qué autor poseo más libros? Con una simple ojeada, la respuesta era obvia: H.P. Lovecraft. Debo poseer la mayoría de su obra, eso salta a la vista.

Fue (junto a Edgar Allan Poe) una de mis pasiones de juventud. Yo era un joven ávido de imaginarios y terroríficos mundos paralelos. La cuestión era huir de aquel mundo tan aburrido y previsible que se mostraba por la opaca ventana de una habitación sin vistas.

Hasta ahora (ingrato de mi) no le había dedicado ninguna reseña en este espacio, Rojo Transitorio. Ahora me reconcilio con él a través de uno de sus más bellas composiciones: aquella dedicada a Némesis.

La profunda mirada de Lovecraft era capaz de ver detrás de las máscaras. Su visión era aguda. Era mensajero de secretos y premoniciones. Intuía el cambio de formas. Fue el enlace entre un mundo oscuro e invisible y un mundo de luz. Se sentía cómodo y libre en la sombra, bebiendo del poder de la luna. Aunque, por gracia y por desgracia, su insondable mirada quedó sumida en el horror y en la locura.

El talento de H.P. Lovecraft fue interminable, como novelista y como poeta. Su disfrute debería ser asimismo inagotable.

La ambivalente Némesis griega

Némesis por Gheorghe Tattarescu

Némesis

El sentido etimológico de Némesis es de origen griego y es un sentido, como poco, ambivalente. Es la justa fuerza compensadora de otra fuerza contraria. Es la justa reacción a la acción. Pero ¿qué significa justa? ¿qué es justo?

Evidentemente lo justo proviene de la justicia. Y ya se sabe(?) que toda justicia implica algún tipo de castigo, algún tipo de venganza.

Es curioso como los humanos asociamos la equitativa distribución de la justicia (¿no había una balanza de por medio?) al castigo y la venganza. No a la indulgencia, ni al perdón, ni siquiera a la benevolencia. Remarcamos la represalia, el ajuste de cuentas… la vendetta.

Por tanto la diosa griega representante de la justicia ha quedado sesgada. Ya no hay contrapunto. El contrapunto se perdió en algún punto del caminar de los siglos. El significado divino fue abandonado (en la cuneta) por el signo humano. La benevolencia se corrompió. Sólo quedó la furia.

Una furia que periódicamente gobierna a la amiga imaginaria de nuestra estrella. Nada es casual, ni siquiera en el mundo de la imaginación.

Mi querida némesis

Este sencillo poema está dedicado a mi némesis. Dicen que Merlín venció a Morgana cuando le dio la espalda y dejó de pensar en ella. En ese instante, aquella hada perdió su poder y desapareció.

Tú, mi némesis,
fuiste justa compensadora de mi egoismo
cristal de mi opaca soledad,
espejo de mi abandonado deseo.

Tú, mi némesis,
fuiste acosadora de mi culpa,
liviana portadora de mi castigo,
ferrea montura para mis furias.

Tú, mi némesis,
fuiste equilibrio en mi universo,
mi fuente de eterna gratitud
mi pozo de energías perdidas.

Tú, mi némesis,
fuiste quien más me enseñó,
quien más me hundió, quien más me dio,
quien más me rechazó, quien más me amó.

Tú, mi némesis,
fuiste, y ya no serás.
Esa es mi aspiración más dócil.
Esa será mi venganza más cruel.

La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible. (Johann Wolfgang Goethe)

Morgana

La sensual hada Morgana

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Soledad espacial

El olor y el sabor de la soledad

Dicen que la soledad encierra infiernos
e imperios de la conciencia,
muros demasiado altos
o fronteras invisibles.

Dicen que en la soledad
solo encontramos
lo que ésta se ha llevado,
lo que ésta nos ha dejado:
una ausencia de tacto y de sonido,
una plenitud de silencios y amarguras.

Que es una suerte,
como el verde aroma
de pastos recién regados,
o una desgracia,
como la yerma visión
de campos por el fuego arrasados.

Yo solo sé que la soledad,
cuando es buscada,
es grata
cual satisfecha luz
de la luna más colmada;
y cuando es forzada,
es ingrata
cual pegajosa oscuridad
del espacio más profundo.

Yo solo sé que la soledad,
errante o sedentaria,
brillante o pálida,
me ha invocado por nostalgia,
me ha invadido por retirada.

La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo. (Gustavo Adolfo Bécquer)

Space alone

Space alone

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Las ruinas de Roma

Voyage/The sound of arrows/Ruins of Rome

¿Recuerdas una tarde en que te puse flores
granates en el pelo, allá en el Aventino?
Parecías talmente una diosa pagana.
O mejor, una ninfa: la Dafne legendaria
que jamás tuvo Apolo, por obra de los dioses.

Esa tarde aún espera su momento preciso,
temblando en cierta página de un libro ¿Y aquella
noche antigua, su tibieza de estío, rodeados
de faunos y bacantes, de amorcillos inquietos,
en un café de Vía Veneto? ¿La recuerdas? Reías,
reíamos los dos, reíamos como antes
no habíamos reído en nuestras vidas. —¡Oh Dios,
qué sensación maldita de vivir, insoportable, extraña,
de la que nadie me aliviaba! Fue,
fue como si todo, todo, se hubiera ido borrando (el tráfico,
la puerta Pinciana iluminada y ocre, el orgulloso
Excelsior) y tan sólo tú y yo quedáramos en Roma;
solos tú y yo y esa luna tranquila y silenciosa
de todos los amantes, una luna muy pálida y muy grande,
una luna
que también se reía, redonda en su alto cielo cárdeno
y cargado de astros, de estrellas y de dioses,
mil veces más antiguo que el gran cielo de Júpiter.

Solos tú y yo en el mundo, cogidos de la mano
por el Campo dei Fiori. Solos tú y yo en el mundo
por Vía del Babuino, por el Corso, al pie
del viejo arco de Tito, bajo las rotas bóvedas
del Foro de Trajano. Y aquel lento vagar como embrujados
por la villa Borghese o arriba, en el Janículo,
con la ciudad convulsa a nuestros pies,
con la ciudad herida a nuestros pies,
con la ciudad sufriendo a nuestros pies,
adormecida
igual que si acabara de salir
de un ataque epiléptico.

¿Recuerdas todo eso?
También hubo un paseo junto al río: mirábamos
sus aguas que arrastraron graves togas,
cadáveres e imperios,
y batallas y puentes. De uno de ellos te dije: ese
es el puente Emilio, Dafne. ¿Lo recuerdas?
El púrpura del cielo flotará cada día en las colinas
al caer el crepúsculo.
Pero lo más curioso
(lo más curioso, Dafne)
es que nunca estuvimos
tú y yo juntos en Roma.

Poema Roma de Víctor Botas

Un viaje y un destino

Mi próximo viaje fuera de nuestras fronteras será a la ciudad eternamente abierta: Roma. Mi primera e inexcusable visita.

El sonido de las flechas y cupido

Apolo y Dafne

Apolo y Dafne

Cupido es un arquero preciso.

Flechas con punta de oro,
flechas con punta de plomo.

Pura alquimia de un presagio de Eros.

El sonido de las flechas en mi corazón
ya ha dictado sentencia.

Una punta de oro me acertó,
el verde aroma de una blanca ninfa me guía.

Ya se sabe,
todos los caminos y todas las flechas
conducen al corazón.

Todos los caminos conducen a Roma. (Aforismo popular)

Las ruinas de Roma

Las ruinas de Roma

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Dos universos

Infinita ingenuidad,
ilusión centesimal,
me creía tan capaz
con mi cápsula de Albal.
Mi torpeza fue total,
de tan grande es demencial,
no detecto una señal,
nunca encontraré el lugar
donde al fin me entienda.

Me perdí en mi universo .. ¿y tú?

No volveré a hacerlo más,
no he encontrado respuestas.

Extracto de la letra de Universos infinitos, Love of Lesbian

Universos (im)posibles

Dos universos aglomerados,
convocados por el deseo,
imbricados por la pasión,
limítrofes en su frontera.

La amistad, tu sexo y el mío, el cuidado.
Algún elemento se perdió en mi universo.
¿Cuál se perdió en el tuyo?

El disentimiento ya me atendió,
me prestó demasiada atención.
No se la devolví.
Sí se la devolví.

La amistad, nuestro sexo.
Algún elemento se perdió en tu universo.
¿Cuál se perdió en el mío?

Dos universos dispersos,
alejados en la confluencia,
perdidos en la fatiga,
desatendidos por un sueño.

La camaradería no es más que la mitad de la vida: la otra mitad es el amor, una cosa tan diferente de aquella, que podría uno imaginarse que fue creada para otro universo. (Gilbert Keith Chesterton)

Cuentos chinos para niños del Japón en Spotify

China y Japón: dos universos

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Sant Jordi: un libro y una rosa

Un libro y una rosa

Un libro y una rosa

Hoy es el día de Sant Jordi, el patrón de mi pequeño pais, Catalunya. Un país tan pequeño que desde arriba de un campanario, siempre se puede ver el campanario vecino. Pero es mi pequeño país y lo quiero con locura.

Pues en este día (que no es festivo oficial) se respira un aroma de festivo que ningún otro día del año tiene. Un aroma de libros y rosas. Y cuando acaba la jornada laboral (un poquito antes que el resto del año) la gente se lanza a las calles y las inunda de pensamientos y sentimientos.

Pensamientos para viajar lejos, porque alguien dijo que no hay mejor nave que un libro para un largo viaje. Y sentimientos para estar cerca, porque se regala una rosa a las mujeres que habitan en nuestro corazón.

Por tanto, hoy, dia de Sant Jordi, Rojo Transitorio regala a sus lectores y lectoras un libro y una rosa. Podeis elegir el libro, la rosa… o mucho mejor: ambos.

Un libro

Don Quijote de la Mancha por Van Gogh

Hoy es también el día internacional del libro, en honor a la muerte de ciertos grandes autores de la literatura universal. Entre los cuales se encuentra Miguel de Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha, obra magna donde las hayan.

Pues aqui tenéis (gracias a Mía por su apunte) esta inmensa obra en formato interactivo. Ya nadie tiene excusa… Ni siquiera yo… Confieso que aun teniéndola en formato convencional, todavía no la he leído por completo.

Pero algún día lo haré. Cada día que pasa me siento más identificado con Alonso Quijano, un viejo idealista, noble, soñador y romántico que luchó contra impertérritos molinos de viento y se enamoró de imaginarias damas. No hay caballero sin gigante que abatir… no hay caballero sin dama.

Un personaje que fue pasto de risas, burlas y golpes. Don Quijote fue feliz en sus ensoñaciones, mientras las vivió, pero murió entre delirios. Demasiados libros de caballerías. Difícil no sentirse identificado. Mi madre es de origen manchego. Algo del mismo Quijote se me debió quedar muy en el fondo del alma.

Una rosa

Dicen que la rosa roja es un símbolo para el amor. Creo que lo leí por primera vez en alguna novela de Goethe, no me preguntéis cual…

Toda rosa tiene en su esencia un Rojo Transitorio. Un rojo que transita a grana, un tránsito entre belleza y decadencia.

Una rosa roja es
señal de enamoramiento,
designio para el corazón,
desnudez que le sofoca,
latido entre nudos que ahogan.

Una rosa roja es
signo para el amor,
aroma de apasionado viento,
tacto de músicas sutiles,
color en el brillo de una mirada.

Una rosa roja
abierta es una mente que habla,
cerrada, una amiga que espera,
olvidada, un alma que perdona,
destruida un corazón que llora.

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. (Proverbio hindú)

Las rosas de piedra también necesitan ser cuidadas

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Los signos y las señales del amor

Las señales… y los signos del amor

En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

si los sueños y ensueños
son como ritos
el primero que vuelve
siempre es el mismo

salvando muros
se elevan en la tarde
tus pies desnudos

el azar nos ofrece
su doble vía
vos con tus soledades
yo con las mías

y eso tampoco
si habito en tu memoria
no estaré solo

tus miradas insomnes
no dan abasto
dónde quedó tu luna
la de ojos claros

mírame pronto
antes que en un descuido
me vuelva otro

no importa que el paisaje
cambie o se rompa
me alcanza con tus valles
y con tu boca

no me deslumbres
me basta con el cielo
de la costumbre

en mis manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

Poema Señales de Mario Benedetti

Signos y señales

Los signos y las señales son como dos caras de una misma moneda. Una moneda que hemos intercambiado con los seres que amamos, que intercambiaremos con aquellos que amaremos:

En tus rojos signos
busco yo mis señales.
En tus blancas señales
encuentro yo mis signos.

Tus velados signos
me turban, me desconciertan.
Tus sinuosas señales
me funden y confunden.

Mi signo transcrito
con el apremiante corazón.
Mi señal revuelta
con el humeante dolor.

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal. (Madre Teresa de Calcuta)

Un signo para el amor

Un signo para el amor

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Besar con los ojos

Ojos y estrellas

Ojos llorando estrellas

Seducir conseguí una noche
al más preciado de los pactos
que enamorado pueda sellar.

Prometí yo la fidelidad de mi amor.
A cambio, entregado me fue un don:
trasladar y guardar
el fulgor de una estrella
allí donde yo más deseara.

Y elegí la estrella más eterna.
Y quise darle vida
en los ojos de mis sueños,
tus ojos, mi amada.

Pues en esa alquimia,
mezcla de ilusión en tu mirada
y la magia de aquel fulgor,
puedo yo sublimar un néctar
que en tu ausencia
muda mi ánimo de semblanza
y en tu presencia
conduce mi alegría a la ebriedad.

Antiguas letras recuperadas en señal de gratitud a unos ojos estrellados.

Ultimamente ando y duermo con las emociones a flor de piel. Las mudanzas suponen desempolvar objetos (incluso escritos) capaces de rememorar remotos recuerdos. Releyendo algunos de esos escritos encontré el poema anterior. Habían unos cuantos más, pero me fijé especialmente en el anterior. Me evocaba con nitidez la vivencia y los sentimientos del día que lo inspiró. Un día en que ciertos ojos, con su mirada, besaron los mios: un día perfecto, un día de silencio.

Desdichadamente los días perfectos también nos sugieren sus contrarios. Tenemos que aprender a convivir con nuestra propia memoria: los ruidos de dias nefastos y el silencio de días perfectos.

Ojos verdes, miel en su centro, llorando estrellas.
Ojos estrellados reflejando centelleantes luceros.

Agrias lineas en los labios.
Dulces besos sin boca.

Lágrimas amargas recorriendo surcos de rabia.
Gotas saladas desatando chispas de alegría.

Agotadoras reminiscencias que algún día dejaremos de recordar.
Suaves memorias que nunca olvidaremos.

El estruendo de ruidos disonantes.
La calma de silencios armoniosos.

Días nefastos para el recuerdo.
Un día demasiado perfecto para el olvido.

No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos. (O. K. Bernhardt)

Un día perfecto según Lou Reed

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El sabor de la luna llena

La luna llena saboreando una cumbre

La luna llena saboreando una cumbre

La luna luce, espléndida,
en medio de la oscuridad,
da vida a algunas estrellas
pues a esta la hacen sonrojar,
sus tonos rojos de sangre
son reflejados en el mar.

Luce sus mejores galas,
doradas y plateadas,
entre ellas su aura mágica,
frágil rayo de esperanza.

Firme sobre el horizonte,
una cosa quise decir:
-Luna ¿por qué estás ahí?

Se hallaba encima de un monte,
a lomos de alguna nube,
busco yo respuesta alguna,
que nunca jamás la tuve.

Poema dedicado a la luna nueva de la próxima noche, en su punto de inflexión, de nuevo caminando desde la oscuridad hacia la plenitud de la luna llena. Autor: Marc.

En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasia como la luz apacible y desmayada de la luna. (Gustavo Adolfo Bécquer)

La luna llena según The Waterboys

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