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El hombre invisible

El hombre invisible

El hombre invisible

Yo me río,
me sonrío
de los viejos poetas,
yo adoro toda
la poesía escrita,
todo el rocío,
luna, diamante, gota
de plata sumergida,
que fue mi antiguo hermano,
agregando a la rosa,
pero
me sonrío,
siempre dicen “yo,”
a cada paso
les sucede algo,
es siempre “yo,”
por las calles
sólo ellos andan
o la dulce que aman,
nadie más,
no pasan pescadores,
ni libreros,
no pasan albañiles,
nadie se cae
de un andamio,
nadie sufre,
nadie ama,
sólo mi pobre hermano,
el poeta,
a él le pasan
todas las cosas
y a su dulce querida,
nadie vive
sino él solo,
nadie llora de hambre
o de ira,
nadie sufre en sus versos
porque no puede
pagar el alquiler,
a nadie en poesía
echan a la calle
con camas y con sillas
y en las fábricas
tampoco pasa nada,
no pasa nada,
se hacen paraguas, copas,
armas, locomotoras,
se extraen minerales
rascando el infierno,
hay huelgas,
vienen soldados,
disparan,
disparan contra el pueblo,
es decir,
contra la poesía,
y mi hermano
el poeta
estaba enamorado,
o sufría
porque sus sentimientos
son marinos,
ama los puertos
remotos, por sus nombres,
y escribe sobre océanos
que no conoce,
junto a la vida, repleta
como el maíz de granos,
él pasa sin saber
desgranarla,
él sube y baja
sin tocar la tierra,
o a veces
se siente profundísimo
y tenebroso,
él es tan grande
que no cabe en sí mismo,
se enreda y desenreda,
se declara maldito,
lleva con gran dificultad la cruz
de las tinieblas,
piensa que es diferente
a todo el mundo,
todos los días come pan
pero no ha visto nunca
un panadero
ni ha entrado a un sindicato
de panificadores,
y así mi pobre hermano
se hace oscuro,
se tuerce y se retuerce
y se halla
interesante,
interesante,
ésta es la palabra,
yo no soy superior
a mi hermano
pero sonrío,
porque voy por las calles
y sólo yo no existo,
la vida corre
como todos los ríos,
yo soy el único
invisible,
no hay misteriosas sombras,
no hay tinieblas,
todo el mundo me habla,
me quieren contar cosas,
me hablan de sus parientes,
de sus miserias
y de sus alegrías,
todos pasan y todos
me dicen algo,
y cuántas cosas hacen!:
cortan maderas,
suben hilos eléctricos,
amasan hasta tarde en la noche
el pan de cada día,
con una lanza de hierro
perforan las entrañas
de la tierra
y convierten el hierro
en cerraduras,
suben al cielo y llevan,
cartas, sollozos, besos,
en cada puerta
hay alguien,
nace alguno,
o me espera la que amo,
y yo paso y las cosas
me piden que las cante,
yo no tengo tiempo,
debo pensar en todo,
debo volver a la casa,
pasar al Partido,
qué puedo hacer,
todo me pide
que hable,
todo me pide
que cante y cante siempre,
todo está lleno
de sueños y sonidos,
la vida es una caja
llena de cantos, se abre
y vuela y viene
una bandada
de pájaros
que quieren contarme algo
descansando en mis hombros,
la vida es una lucha
como un río que avanza
y los hombres
quieren decirme,
decirte,
por qué luchan,
si mueren,
por qué mueren,
y yo paso y no tengo
tiempo para tantas vidas,
yo quiero
que todos vivan
en mi vida
y cante en mi canto,
yo no tengo importancia,
no tengo tiempo,
para mis asuntos,
de noche y de día
debo anotar lo que pasa,
y no olvidar a nadie.
Es verdad que de pronto
me fatigo
y miro las estrellas,
me tiendo en el pasto, pasa
un insecto color de violín,
pongo el brazo
sobre un pequeño seno
o bajo la cintura
de la dulce que amo,
y miro el terciopelo
duro
de la noche que tiembla
con sus constelaciones congeladas,
entonces
siento subir a mi alma
la ola de los misterios,
la infancia,
el llanto en los rincones,
la adolescencia triste,
y me da sueño,
y duermo
como un manzano,
me quedo dormido
de inmediato
con las estrellas o sin las estrellas,
con mi amor o sin ella,
y cuando me levanto
se fue la noche,
la calle ha despertado antes que yo,
a su trabajo
van las muchachas pobres,
los pescadores vuelven
del océano,
los mineros
van con zapatos nuevos
entrando en la mina,
todo vive,
todos pasan,
andan apresurados,
y yo tengo apenas tiempo
para vestirme,
yo tengo que correr:
ninguno puede
pasar sin que yo sepa
adónde va, qué cosa
le ha sucedido.
No puedo
sin la vida vivir,
sin el hombre ser hombre
y corro y veo y oigo
y canto,
las estrellas no tienen
nada que ver conmigo,
la soledad no tiene
flor ni fruto.
Dadme para mi vida
todas las vidas,
dadme todo el dolor
de todo el mundo,
yo voy a transformarlo
en esperanza.
Dadme
todas las alegrías,
aun las más secretas,
porque si así no fuera,
cómo van a saberse?
Yo tengo que contarlas,
dadme
las luchas
de cada día
porque ellas son mi canto,
y así andaremos juntos,
codo a codo,
todos los hombres,
mi canto los reúne:
el canto del hombre invisible
que canta con todos los hombres.

Fuente: El hombre invisible de Pablo Neruda en El grito capicua

Este fabuloso poema de Pablo Neruda es uno de aquellos en el cual el poeta, como representante de un genero, da un paso atras y se coloca al mismo nivel que sus paisanos. El yo se sumerge en el nosotros.

Tal como apuntó Nicanor Parra en referencia a este periodo de maduración de Pablo Neruda (“el periodo más rico de todos“, según palabras del apuntador):

El espíritu del poeta se proyecta en todas direcciones con una generosidad que no reconoce límites, com un trigal de las colinas de Pillanlelbún, o como una viña de los alrededores de Chillán: el momento de la lucha con el dragón y el momento de la victoria definitiva.

En “El hombre invisible” se ve concentrada en una sola imagen la esencia del conflicto nerudiano, que no es otro que el conflicto central del hombre moderno, el paso del yo al nosotros.

Está claro.
Al hombre invisible se le apagaron las luces.

Eran bombillas de ocasión,
compradas en antiguos almacenes del hambre.

Algunas simplemente se fundieron,
otras realmente nunca funcionaron.

Quedó irremediablemente envuelto en misterio.
Aun así, el misterio se tornó más claro en la oscuridad.

El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible. (Oscar Wilde)

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Ubuntu: Yo soy porque nosotros somos

Ubuntu

Ubuntu

Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.

Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

UBUNTU, en la cultura Xhosa significa: “Yo soy porque nosotros somos.”
Fuente: Cuento de Luz

Una ideologia de futuro

Conocía un software libre de nombre Ubuntu. Pero, aparte de un excelente sistema operativo para ordenadores, Ubuntu encierra cierta ideología que podría ser clave para el futuro de la humanidad:

Una persona con ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazado cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos. (Desmond Tutu)

En pocos palabras, juntos (ofreciendo y recibiendo, colaborando, compartiendo…) somos mucho más que por separado. El colectivo multiplica a la individualidad: sinergia pura.

Todos tenemos la opción de ser eternos o mortales. Nuestra responsabilidad es elegir la opción más consciente.

Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos (Lucio Apuleyo)

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Quemar la culpa

culpa

Culpa… ¿de qué?

En el comienzo de su lucha, el guerrero de la luz afirmó: “Tengo sueños”.

Después de algunos años, percibe que es posible llegar a donde quiere; sabe que será recompensado.

Llegado ese momento, se entristece. Ha conocido la infelicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad, y considera que no merece lo que está a punto de recibir.

Su ángel susurra: “Entrega todo”. El guerrero se arrodilla y ofrece a Dios sus conquistas.

La Entrega obliga al guerrero a parar de hacer preguntas tontas, y lo ayuda a vencer la culpa.
Extracto del Manual del guerrero de la luz (Paulo Coelho)

Culpa

Ayer decidí lanzar a la hoguera un sentimiento que me atenazaba: la culpa. La culpa del adolescente, del adulto que ahora soy.

Elegí un rotulador repleto de tinta roja. Escribí en letras grandes, mayúsculas y separadas, cada una de las letras de ese insidioso sentimiento: La C, la U, la L, la P y la A. No las quería ni sentir en contacto con mis dedos.

El trazo contenía dolor, era una caligrafía demasiado tangible, nacida de la tierra. Levanté el papel para ponerlo a la altura de mis ojos. Miré ese soporte vegetal y noté como ligeras gotas tintadas de rojo, imbuidas de algún pecado ancestral, se deslizaban hacia abajo. Llegaban al límite inferior del papel y se apresuraban a concentrar goterones aun más rojos, aun mas rencorosos. Incluso alguno bajó más allá, buscando la imaginaria linea que lo conectaba con la tierra.

Pensé que esa lágrima roja nunca debía haber abandonado la tierra que la vio nacer.

Inocencia

Ayer decidí devolver a mi vida un sentimiento que añoraba: la inocencia. La inocencia del neonato que aun guardo en mi interior, la pureza de mi niñez.

Elegí una ligera pluma de color azul. Escribí en letras pequeñas y ligadas, cada una de las letras de ese ansiado sentimiento: La i, la n, la o, la c, la e, la n, la c, la i, la a. Sin solución de continuidad, tocándose en lo más íntimo.

Sentí que tal como escribía un aire fresco llenaba esos signos. Al acabar la linea que abrazaba sus letras, no pude evitarlo, de mi laringe brotó el suave susurro que dibujó en el aire el sonido puro de aquella palabra: inocencia.

Solve et coagula

Una vela, temblorosa pero firme, sirvió de hoguera para mi culpa. Una sencilla llama consumió un papel, disolvió mi culpa. Se llevó el pecado y su fealdad.

El papel que sobrevivió (pues siempre debe sobrevivir uno) se coaguló en mis manos. Lo deposité cerca del corazón, cerré mis ojos sintiendo como el calor de mis latidos lo protegía y respiré profundamente su gracia.

Entrego a Dios mi conquista, mi lucha de los últimos tiempos, mi batalla futura. Dios sabrá guardarla entre sus más divinos tesoros: la virtud y la hermosura.

Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo. (Benito Pérez Galdós)

El árbol de las moras

El árbol no es otra cosa que una llama floreciente

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La meta de la felicidad

Siete pasos para la felicidad

Siete pasos para la felicidad

Piensa menos, siente más.
Frunce el ceño menos, sonríe más.
Habla menos, escucha más.
Juzga menos, acepta más.
Mira menos, haz más.
Quéjate menos, aprecia más.
Teme menos, Ama más.

Como alguien dijo: si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin. La felicidad es una compensación, no un objetivo.

Está claro que sentir, sonreír, escuchar, aceptar, hacer, apreciar y amar, serán monedas (las más valiosas e imprescindibles) en nuestra mochila existencial. Pero ¿cómo adquirimos esas monedas?

Podemos ir un poco más allá: ¿cuál es el fin? ¿cuál es la meta? ¿cuál es el objetivo? ¿cuál es la misión de nuestra existencia? Aquí es donde tocamos hueso.

Nuestra vida conlleva una misión. Incluso diría que ya estaba escrita desde antes de nacer. En nuestro corazón. Enterrada después de mucho tiempo de pensar demasiado y de sentir poco.

Me atrevería a decir que si nuestro corazón no se encuentra alineado con nuestra misión en esta vida, nuestra vida se llena de pensamientos ingratos, de mal humor, de conversaciones irrelevantes, de prejuicios insanos, de pasividad e inapetencia, de quejas y de miedos.

Así fue en mi caso. Un día descubrí que no era feliz. Aun teniendo todo aquello que me permitiría serlo, no era feliz.

Y la pregunta era insidiosa y recurrente ¿por qué no era feliz? Poco a poco, se me fue revelando que quizás no era feliz porque no tenía clara mi misión en esta vida. No disponía de suficiente luz en el camino.

Cuando se ha aclarado la meta, mi existencia se ha llenado de felicidad y de todas esas monedas que tanto había buscado: de sentimientos, sonrisas, ganas de escuchar, aceptar, actuar, agradecer y amar. Simplemente deseaba crecer.

Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá. (Friedrich Schiller)

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Los hijos de la vida

imaginación...creatividad...evolución

Imaginación…creatividad…evolución…vida

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.

No vienen de ti, sino a traves de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinacion
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Poema: Tus hijos no son tus hijos de Kahlil Gibran
Fuente: Un mensaje para ti

No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas. (Louis Pasteur)

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Ser o interser, he aquí la cuestión

Un pájaro poeta mirando una nube de papel

Un poeta sediento mirando una nube de papel

Si eres poeta, verás claramente que flota una nube en esta hoja de papel. Sin nube, no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no crecen; y sin árboles, no podremos hacer papel. Para la existencia del papel es esencial la nube. Si no está la nube, tampoco puede estar el papel. Así, podemos decir que la nube y el papel inter-son. La palabra “interser” aun no esta en el diccionario, pero si combinamos el prefijo inter con el verbo ser, tenemos un nuevo verbo, interser. Sin una nube, no podemos tener papel, de modo que es posible decir que la nube y la hoja de papel inter-son.

Si miramos más profundamente esta hoja de papel, veremos en ella la luz del sol. Sin la luz del sol, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Aún nosotros no podemos crecer sin la luz del sol. Así pues, sabemos que el sol también está en esta hoja de papel. El papel y el sol inter-son. Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo trajo al molino para transformarlo en papel. Y podemos ver el trigo. Sabemos que el leñador no puede vivir sin el pan cotidiano, así que el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están. Cuando lo vemos así, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir.

Mirando aún con mayor profundidad, vemos que nosotros también estamos en ella. Esto no es difícil de ver, porque cuando miramos una hoja de papel, forma parte de nuestra percepción. Tu mente está aquí y la mía también. Así que podemos decir que todo está aquí en esta hoja de papel – el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales de la tierra, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel. Es por ello que creo que la palabra interser debería estar en el diccionario. “Ser” es interser. No puedes ser por ti mismo; tienes que interser con todas las demás cosas. Esta hoja de papel es, porque todo lo demás es.

Supongamos que tratamos de regresar uno de los elementos a su origen. Supongamos que regresamos la luz al sol. ¿Crees que esta hoja de papel sería posible? No, sin la luz de sol nada puede ser. Y si regresamos al leñador a su madre, tampoco tenemos papel. El hecho es que esta hoja esta hecha sólo de elementos que no son papel. Y si regresamos estos elementos a sus orígenes, no puede haber papel del todo. Sin los elementos que no son papel, como la mente, el leñador, la luz del sol, no habrá papel. Así de delgada como es, esta hoja de papel contiene todo el universo.
Extracto del libro Ser paz y el corazón de la comprensión de Thich Nhat Hanh
Fuente: Interser en Que se abra tu corazón como las flores

Una ley de causalidad universal

Otra vez el gran poeta/maestro budista Thich Nhat Hanh nos ilumina con su inagotable sabiduría en este bellísimo texto. Describiendo de forma sencilla una ley de causalidad que nos vincula con el resto del universo: el pasado, el presente… y el futuro.

Existimos relacionados con todo lo demás. Esta interrelación forma parte de una ley de causalidad universal que la tradición budista denomina karma.

Somos una misma cosa con todo lo que ha existido, existe… o existirá.
No somos por nosotros mismos.
Ni mucho menos, somos lo que tenemos.

Si soy lo que tengo y lo que tengo lo pierdo, entonces ¿Quién soy? (Erich Fromm)

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Las señales de la ira

Las señales de la ira en el corazón

Las señales de la ira en el corazón

Se cuenta que un niño estaba siempre malhumorado y cada día se peleaba en el colegio con sus compañeros. Cuando se enfadaba, se abandonaba a la ira y decía y hacía cosas que herían a los demás niños. Consciente de la situación, un día su padre le dio una bolsa de clavos y le propuso que, cada vez que discutiera o se peleara con algún compañero, clavase un clavo en la puerta de su habitación.

El primer día clavó treinta y tres. Terminó agotado, y poco a poco fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira que clavar clavos en aquella puerta. Cada vez que iba a enfadarse se acordaba de lo mucho que le costaría clavar otro clavo, y en el transcurso de las semanas siguientes, el número de clavos fue disminuyendo. Finalmente, llegó un día en que no entró en conflicto con ningún compañero.

Había logrado apaciguar su actitud y su conducta. Muy contento por su hazaña, fue corriendo a decírselo a su padre, quien sabiamente le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta. Meses más tarde, el niño volvió corriendo a los brazos de su padre para decirle que ya había sacado todos los clavos. Le había costado un gran esfuerzo.

El padre lo llevó ante la puerta de la habitación. “Te felicito”, le dijo. “Pero mira los agujeros que han quedado en la puerta. Cuando entras en conflicto con los demás y te dejas llevar por la ira, las palabras dejan cicatrices como estas. Aunque en un primer momento no puedas verlas, las heridas verbales pueden ser tan dolorosas como las físicas. No lo olvides nunca: la ira deja señales en nuestro corazón.
Fuente: Un cuento sobre la ira.

Las formas de la ira (también denominada cólera) son sutiles. No es necesario que se muestren con violencia externa, en forma de palabras malsonantes o actos censurables. En ocasiones se producen hechos (tanto externos como internos) que desatan en nuestro interior pensamientos/emociones más o menos impregnados de ira.

Por ejemplo, cuando pensamos en las injusticias sociales/políticas/medioambientales que aquejan al mundo actual, es difícil evitar que cierto fuego interior prenda en nuestras entrañas. La intensidad será variable en función de nuestro grado de implicación.

Este didáctico cuento nos alecciona sobre los efectos de la ira: marcas de clavos en las puertas de nuestro corazón, sentimientos calcinados por combustión instantánea, o mucho peor… un corazón corroído por uno de los líquidos más cáusticos para el alma.

La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte. (Séneca)

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Intuiciones

Susurros

Un intuitivo susurro de nuestro ángel de la guarda

El guerrero de la luz conoce la importancia de la intuición.

En medio de la batalla, no tiene tiempo para pensar en los golpes del enemigo. Entonces usa su instinto y obedece a su ángel.

En tiempos de paz, descifra las señales que Dios le envía.

La gente dice: “Está loco”.

O bien: “Vive en un mundo de fantasía”.

O también: “¿Cómo puede confiar en algo que no tiene lógica?”

Pero el guerrero sabe que la intuición es el alfabeto de Dios, y continúa escuchando el viento y hablando con las estrellas.
Extracto del Manual del Guerrero de la Luz (Paulo Coelho)

Aquellos que siguen este espacio saben que las intuiciones se están convirtiendo en un factor preponderante dentro de mi existencia.

Me encuentro en un proceso de continuo aprendizaje, intentando descifrar señales que me llegan desde fuera y desde dentro…

Ambos tipos de señales llegan a mi corazón como un suave viento, como pequeñas ráfagas de aire que avivan rescoldos de inconscientes recuerdos. Hasta conseguir evocar la reminiscencia de un fuego antiguo que residía en su interior. Un fuego cuyas llamas desean conversar con la esencia de alguna estrella secreta.

La intuición posibilita cultivar símbolos antiguos. Son las letras de un alfabeto perdido de Dios. Aquellas que permitirán descubrir la clave de un tesoro olvidado.

Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición. (Henri Poincaré)

Beastie Boys (Adam Yauch, RIP), Stand together

[…] contemplation time, intuition time, evolution time, resolution time […]

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El misterio de las coincidencias

Perdidos en el misterio

Perdidos en el misterio

Cuando uno llega a una edad avanzada y evoca su vida, ésta parece haber tenido un orden y un plan, como si la hubiera compuesto un novelista. Acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama coherente. Así como nuestros sueños incluyen un aspecto de nosotros mismos que nuestra conciencia desconoce, nuestra vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de nosotros. Y así como personas a quienes nosotros conocimos por casualidad se convirtieron en agentes decisivos en la estructuración de nuestra vida, también nosotros hemos servido inadvertidamente como agentes, dando sentido a vidas ajenas. La totalidad de estos elementos se unen como una gran sinfonía, y todo se estructura inconscientemente con todo lo demás… El grandioso sueño de un solo soñador, donde todos los personajes del sueño también sueñan… Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada. Es como si hubiera una intención única detrás de todo ello que siempre cobra un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sabe cuál es, o si ha vivido la vida que se proponía. (Schopenhauer – Joseph Campbell)

Si estamos verdaderamente comprometidos a realizar nuestro sueño, descubriremos que existe una fuerza poderosa que está más allá de nosotros y nuestra voluntad consciente, una fuerza que nos ayuda en el camino, alimentando nuestra búsqueda y transformación. (Joseph Jaworski)

A menudo he tenido experiencias, aparentemente accidentales, tanto en el trabajo como en mi vida privada, y siempre me he sentido intrigado por ellas y me he preguntado cómo ocurren… Mi indagación de la sincronicidad surgió de una serie de sucesos existenciales que me llevaron a un proceso de transformación interna… las cosas empezaron a encajar sin esfuerzo y comencé a descubrir personas notables que me prestarían una ayuda inestimable. (Joseph Jaworski)

Comenzamos a darnos cuenta de que ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes. Comienza a operar una estructura de causas subyacentes, un conjunto de fuerzas, como si estuviéramos rodeados por un campo magnético en el que los imanes se alinearan automáticamente. Pero dicho alineamiento no es espontáneo en absoluto, se trata simplemente de que los imanes están respondiendo a un nivel de causalidad más sutil. (Peter Senge)

Hay dos cosas en las que he llegado a creer, implícitamente, acerca del mundo en que vivimos, una es que nada de lo que en él ocurre es independiente de cualquier otra cosa. La otra es que nada de lo que ocurre es completamente fortuito y producido del azar. Estas dos creencias son partes de la misma intuición: si todo lo que ocurre está de alguna manera enlazado con todo lo demás, ello quiere decir que todo actúa de alguna manera sobre todo lo demás. Nada ocurre de una manera puramente azarosa. No existe tal cosa que sea pura coincidencia. Cuando algo ocurre, lo hace en cierta relación, a pesar de su probabilidad extremadamente sutil, con otras que pasan o han pasado dentro de esa región de espacio y del tiempo. (Ervin Laszlo)

Todos hemos tenido esos momentos perfectos en los que todas las cosas parecen encajar de una manera casi increíble en los que los sucesos que no podíamos prever, y mucho menos controlar, parecen guiar notablemente nuestro camino. A estas alturas, tu vida se convierte en una serie de milagros predecibles. (Joseph Jaworski)

En cualquier momento pueden ocurrir coincidencias significativas… Podemos estar enfrascados en nuestros asuntos diarios cuando, sin previo aviso, se produce un hecho fortuito que atrae nuestra atención. Puede que nos dé por pensar en un viejo amigo que hacía años que no acudía a nuestra mente y luego, después de haberlo olvidado por completo, resulta que al día siguiente nos encontramos con él… Las coincidencias pueden tener que ver con la oportuna llegada de cierta información especial que no sabíamos cómo conseguir, o con la súbita comprensión de que la experiencia que vivimos en el pasado, con cierto interés, era en realidad una preparación para proporcionarnos una nueva oportunidad o un trabajo. Al margen de los detalles con que pueda presentarse una coincidencia particular, el hecho es que resulta demasiado improbable que haya sido consecuencia del azar o la mera casualidad… En cierto modo sentimos que tales acontecimientos estaban de algún modo predestinados, que se esperaba que sucedieran exactamente en el momento en el que lo han hecho con el fin de reorientar nuestras vidas hacia una nueva y más inspiradora dirección. (James Redfield)

Cada vez somos más las personas que tomamos conciencia de las coincidencias significativas que suceden cada día. Algunos de estos hechos son grandes y llamativos. Otros son pequeños, casi imperceptibles. Pero todos son una prueba de que no estamos solos, de que hay algún proceso espiritual misterioso que influye en nuestras vidas. Una vez que tenemos la experiencia del sentimiento de inspiración y vida que tales percepciones evocan, es casi imposible no prestarles atención. Comenzamos a ponernos alerta ante este tipo de hechos, a esperarlos, y a buscar una comprensión filosófica más elevada de su aparición. (James Redfield)

De acuerdo con la tradición Védica, hay sólo dos síntomas que permiten definir a una persona que se encuentra en su camino a la iluminación. Primero, la sensación es que las preocupaciones están desapareciendo. No se siente abatido por la vida. Las cosas pueden ir mal, pero eso ya no le molesta más. Segundo, en cada área de su vida, comienza a notar un gran número de eventos sincronísticos. Las coincidencias con significado parecen ocurrir con mayor frecuencia cada vez. (Deepak Chopra)

Citas extraídas del libro El misterio de las coincidencias, escrito por Eduardo R. Zancolli.


Tal como iba leyendo las citas previas, mi asombro iba en aumento. Suscribo y firmo todas y cada una de las palabras contenidas en ellas. El libro que las contiene, tarde o temprano, caerá en mi biblioteca.

Mucho de lo escrito en Rojo Transitorio ha ido delineando un recorrido que parece desembocar inevitablemente en esta entrada de hoy.

Una entrada que revisa la causalidad de nuestra existencia como individuos (imbricada en una existencia de orden superior). Una entrada que revisa la conexión total entre todos los acontecimentos que están ocurriendo en este mismo instante en todo el universo. Una entrada que revisa nuestra capacidad de moldear el futuro según nuestros sueños o deseos, utilizando el nexo entre la imaginación y la emoción: el sentimiento.

Como ya es bien conocido, yo no creo en las casualidades, ni siquiera en las coincidencias. Pero ahora, por lo visto, algunas de éstas tienen una razón(?) de ser que se denomina sincronicidad.

Sincronicidad

Desde principios de este año he tenido algunas experiencias de índole sorprendente que no había sabido como categorizar. Hasta que encontré cierto artículo que definía un concepto (relativamente) nuevo para mi: la sincronicidad.

Este concepto fue definido por Carl Gustav Jung (sí, el mismo que se quedó totalmente perplejo ante el I Ching) y hace referencia a la simultaneidad temporal de dos sucesos entre los cuales no parece existir ninguna razón causal, excepto aquella atribuida por nuestro sentido (el menos común de todos los sentidos: la intuición)

Lo que conocemos vulgarmente como una casualidad o una coincidencia demasiado difícil.

Por ejemplo: si estamos pensando en una persona, y de repente, nos llega un mensaje suyo. Se trataría de un caso de eventos sincronísticos, un ejemplo de sincronicidad. Demasiada casualidad, pensaríamos.

Pero hay otros ejemplos mucho más sutiles. Como cuando una acción (o idea) nuestra es correspondida por alguna (ignota) circunstancia que llega a nuestra vida de forma sorprendente. Parece existir algún tipo de conexión pero ¿como probar tal conexión? No es posible porque no existe una explicación racional…

Quizás sí se pudiera explicar, si añadiéramos un factor emocional, pero no uno racional. La intuición clama al cielo, pero la intuición es como un niño pequeño al que contentamos, de tanto en tanto, con un caramelo para que no moleste demasiado.

Seguro que durante vuestra existencia, habréis tenido alguna experiencia de sincronicidad, revisadla con cariño… y vereis como aparecen multitud de ellas.

Pues la cuestión es que tal casualidad no es tal, sino algo que está conectado de alguna forma por cierto vínculo subyacente. Un vínculo que, en algunos casos, podría corresponder a una voluntad (in)consciente que está dispuesta a velar por nuestros deseos y atraer a nuestra vida (en apariencia nuestra, en realidad de todos) aquello necesario para su consecución.

Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello. (Hermann Hesse)

La casualidad es la manera que tiene Dios de mantenerse en el anonimato. (Albert Einstein)

Una perfecta definición de la sincronicidad, por Sting

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Dormir para soñar

En sueños

En construcción, en sueños

… Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…
decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas,
decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución,
decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis,
decidí ver cada noche como un misterio a resolver,
decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.
Aquel día dejé de temer perder y empecé a temer no ganar,
descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui.
Me dejó de importar quién ganara o perdiera;
ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien “Amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento,
“el amor es una filosofía de vida”.
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas…
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar… ahora simplemente duermo para soñar.
Walt Disney. Fuente: Leonismo argentino

Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir. (Gregorio Marañón)

Las estelas del vapor en mis sueños

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