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Ubuntu: Yo soy porque nosotros somos

Ubuntu

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Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.

Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

UBUNTU, en la cultura Xhosa significa: “Yo soy porque nosotros somos.”
Fuente: Cuento de Luz

Una ideologia de futuro

Conocía un software libre de nombre Ubuntu. Pero, aparte de un excelente sistema operativo para ordenadores, Ubuntu encierra cierta ideología que podría ser clave para el futuro de la humanidad:

Una persona con ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazado cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos. (Desmond Tutu)

En pocos palabras, juntos (ofreciendo y recibiendo, colaborando, compartiendo…) somos mucho más que por separado. El colectivo multiplica a la individualidad: sinergia pura.

Todos tenemos la opción de ser eternos o mortales. Nuestra responsabilidad es elegir la opción más consciente.

Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos (Lucio Apuleyo)

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Las señales de la ira

Las señales de la ira en el corazón

Las señales de la ira en el corazón

Se cuenta que un niño estaba siempre malhumorado y cada día se peleaba en el colegio con sus compañeros. Cuando se enfadaba, se abandonaba a la ira y decía y hacía cosas que herían a los demás niños. Consciente de la situación, un día su padre le dio una bolsa de clavos y le propuso que, cada vez que discutiera o se peleara con algún compañero, clavase un clavo en la puerta de su habitación.

El primer día clavó treinta y tres. Terminó agotado, y poco a poco fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira que clavar clavos en aquella puerta. Cada vez que iba a enfadarse se acordaba de lo mucho que le costaría clavar otro clavo, y en el transcurso de las semanas siguientes, el número de clavos fue disminuyendo. Finalmente, llegó un día en que no entró en conflicto con ningún compañero.

Había logrado apaciguar su actitud y su conducta. Muy contento por su hazaña, fue corriendo a decírselo a su padre, quien sabiamente le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta. Meses más tarde, el niño volvió corriendo a los brazos de su padre para decirle que ya había sacado todos los clavos. Le había costado un gran esfuerzo.

El padre lo llevó ante la puerta de la habitación. “Te felicito”, le dijo. “Pero mira los agujeros que han quedado en la puerta. Cuando entras en conflicto con los demás y te dejas llevar por la ira, las palabras dejan cicatrices como estas. Aunque en un primer momento no puedas verlas, las heridas verbales pueden ser tan dolorosas como las físicas. No lo olvides nunca: la ira deja señales en nuestro corazón.
Fuente: Un cuento sobre la ira.

Las formas de la ira (también denominada cólera) son sutiles. No es necesario que se muestren con violencia externa, en forma de palabras malsonantes o actos censurables. En ocasiones se producen hechos (tanto externos como internos) que desatan en nuestro interior pensamientos/emociones más o menos impregnados de ira.

Por ejemplo, cuando pensamos en las injusticias sociales/políticas/medioambientales que aquejan al mundo actual, es difícil evitar que cierto fuego interior prenda en nuestras entrañas. La intensidad será variable en función de nuestro grado de implicación.

Este didáctico cuento nos alecciona sobre los efectos de la ira: marcas de clavos en las puertas de nuestro corazón, sentimientos calcinados por combustión instantánea, o mucho peor… un corazón corroído por uno de los líquidos más cáusticos para el alma.

La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte. (Séneca)

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Pasos

Las nubes de la montaña

En un lugar en oriente, había una montaña muy alta y con su sombra tapaba la aldea. Y por ello los niños crecían raquíticos. Y una vez un viejo, el más viejo de todos, se va con una de esas cucharitas chinas de porcelana y sale de la aldea.

Y le dicen los otros:

-Adonde vas viejito.

-Voy a la montaña.

-Y a que vas.

-Voy a mover la montaña.

-Y con que las vas a mover.

-Con esta cucharita.

-Jajaja, Nunca podrás.

-Si, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo.
Fuente: La cucharita de porcelana en Planeta Cuentos

Esta pequeña enseñanza me quedó profundamente grabada en la memoria cuando escuché por primera vez esta conferencia del genial Alejandro Jodorowsky.

El primer paso

El esfuerzo de una persona durante toda una vida no servirá para cambiar nuestro mundo, pero alguien debe tomar la responsabilidad de dar el primer paso hacia adelante para empezar a hacerlo. Sin esa valentía, sin esa capacidad emprendedora, nuestro mundo no avanzaría lo suficiente.

Un viaje de mil millas comienza con el primer paso. (Lao-Tsé)

La perseverancia en los pasos

Además de iniciar el cambio, debemos perseverar en tal cambio, hasta conseguir recorrer todo el camino, o parte de él. Si el viaje nos sobrepasara, una vez acabado nuestro recorrido, alguien tomaría nuestro relevo.

Por tanto, no tengo la menor duda de que si todas las personas del pueblo, durante cada día de sus vidas, se dedican a excavar la montaña con su cucharita, un día (quizás después de varias generaciones) la montaña habrá desaparecido por completo.

El primer paso fue el inicio, pero hizo falta la tenacidad de innumerables más, uno después de otro, para conseguir finalizar aquella gran obra.

Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia. (Samuel Johnson)

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El sentido de la vida

El sentido de la vida según Paulo Coelho. Subtítulos (CC) en castellano

¿Cuál es nuestra misión en esta vida? No busquemos la respuesta en el exterior. Observemos en nuestro interior. Centrémonos en nuestro corazón. ¿Qué nos dice?

La semilla: un sueño

Todo sentido de la vida tiene en su inicio un sueño: esa es la semilla de toda obra que deseemos ofrecer al mundo. Y tales semillas suelen crecer en los mundos de la imaginación.

Desgraciadamente, a veces, ese sueño anda enterrado bajo capas de apatías, miedos y frustraciones. Pero un sueño es un sueño y siempre estará ahí. Si cavamos lo suficientemente profundo en nuestro corazón, reaparecerá.

En tal caso, si el sueño se encuentra cerca de su superficie vital, nuestra existencia, podremos escuchar con nitidez como retumba, como se repite con una intensidad cada vez más evidente. Nuestro corazón nos habla. En ocasiones, chilla con voz alta y clara. Los latidos de nuestro sueño son audibles incluso desde la mismísima vigilia.

Y nuestro sueño cristalizará gracias a la fe y a la valentía que vertamos en él. La fe y la valentía nos permiten creer en algo de naturaleza eterea, mientras la pertinaz razón nos murmura que no es posible.

El alimento: el amor

Una vez tengamos claro cuál es nuestro (verdadero) sueño tenemos que alimentarlo con amor. Porque el amor por aquello que hacemos rellena nuestra labor de una sana alegría que nos desborda y se transmite a los que nos acompañan en la consecución de nuestro objetivo vital.

Tal como apunta Coelho, no se trata de un amor romántico, ni siquiera de uno fraternal o maternal/paternal. Hablamos de una pasión y un entusiasmo capaces de alumbrar nuestro sueño en los momentos de mayor oscuridad. Una energía que hace brillar y reír el astro celeste que ilumina nuestro camino. Un amor y un respeto por todas las cosas: las pequeñas y las grandes, las que nos indignan y las que nos ilusionan.

La labor: la perseverancia

La elaboración de nuestro sueño nos requiere al 100% y nos obliga a la perseverancia. Sin perseverancia (y sin amor) no podemos invocar a la (buena) suerte. Pero no se trata de un azar, se trata de una suerte que permite crear las condiciones para transmutar nuestro sueño en realidad. Con ambos ingredientes, y de forma sorprendente, esas circunstancias de incierto origen serán atraídas a nuestra vida.

El verdadero alquimista, aquel que consigue que el universo conspire a su favor, sabe que la perseverancia y el amor son fundamentales para esa alquimia que extiende los límites de nuestro corazón y abraza el corazón del universo.

El fruto: una catedral ofrecida al mundo

Como resultado de la semilla, del alimento y de la labor, obtendremos el fruto más precioso: nuestra catedral, aquella que ofrecemos a nuestra vida, y al mundo. Esa catedral puede tomar una multitud de apariencias pero, en cualquier caso, conforma el verdadero sentido de nuestra vida.

El sentido de mi vida ha estado largo tiempo enterrado, pero ya puedo sentir sus latidos cerca de mi superficie. Mi catedral, aquella que ofreceré a mi vida, son los cuentos del futuro. Unos cuentos que desean, a su vez, plantar semillas en cada una de las personas que los lean. Semillas que permitan a la humanidad soñar, imaginar y construir un futuro diferente, uno responsable y respetuoso. El fruto de la convicción presente es el futuro soñado.

Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos. (Thomas Carlyle)

Una catedral: Santa Maria del Mar

Una catedral: Santa María del Mar (Barcelona)

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Saltar al agua

Saltar al agua

Saltar al agua

Cuando el viajero tenía diez años,
su madre lo obligó a hacer un curso de educación física.
Uno de los ejercicios consistía en saltar de un puente al agua.

Se moría de miedo. Se quedaba en el último lugar de la cola,
y sufría cada vez que uno de los otros niños saltaba delante de él,
porque en breve llegaría el momento de su salto.

Un día, el profesor, al ver su miedo, lo obligó a saltar el primero.
Tuvo el mismo miedo, pero pasó tan rápido que empezó a tener coraje.

Dice el maestro:

Muchas veces hay que darle tiempo al tiempo.
Otras veces, hay que remangarse y resolver la situación.
En este caso, no existe peor cosa que retrasarlo.

Extracto de Maktub (Paulo Coelho)

Preocupaciones

Las preocupaciones nos roban energía. Incluso, en ocasiones, nos paralizan. De hecho, la propia etimología de esta palabra ya indica por donde van los tiros. Pre-ocuparse significa ocuparse de algo antes del tiempo que le correspondería. Nos tenemos que ocupar de los asuntos que merecen nuestra atención en el momento exacto… ni antes… ni después.

Cualquier preocupación tiene que ser:
1. resuelta lo antes posible (si podemos resolverla ahora mismo, sin posponerla para más tarde, mucho mejor) o
2. apartada de nuestro radar de atención hasta que cambien las condiciones que nos permitan resolverla o
3. simplemente desechada porque no podemos hacer nada con ella, ni ahora, ni en el futuro.

Estas premisas, extraídas de un excelente libro al que ya dediqué atención en el pasado, son básicas a la hora de afrontar la infinidad de ocupaciones acarreadas por el complejo mundo en el cual nos movemos.

El cuarto de los trastos abandonados

Otro de los pasajes del anterior (e imprescindible) libro que me quedaron grabados en la memoria fue aquel que hacía referencia a cierta habitación: la de los trastos abandonados. El autor decía que, a veces, vamos colocando preocupaciones en ese cuarto y cerramos bien la puerta para intentar olvidarnos de ellas.

Pero aunque la puerta de ese cuarto se mantenga bien cerrada, se encuentra en nuestra propia casa, en nuestra propia mente. Y cada vez que pasamos por delante de esa puerta, la puerta nos recuerda lo que hay dentro… y nos incomoda subconscientemente (en ocasiones, incluso inconscientemente)

Las preocupaciones en ese cuarto son las peores, porque se van enquistando en nuestra mente de forma subrepticia, se van convirtiendo en semillas para sutiles disfraces del miedo. En este caso, tenemos que abrir la puerta, con valentía, y afrontar toda la (más que probable) podredumbre que haya en su interior. Si no, nos arriesgamos a malgastar nuestra vida, nuestras energías y nuestro tiempo, en preocupaciones estancadas, como pesadas losas, en lo profundo de nuestro espíritu.

Esta preocupación constante e improductiva que experimentamos por todo lo que tenemos que hacer es lo que más tiempo y energía consume. (Kerry Gleeson)

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Mudanzas

Cajas de mudanza

Cajas... de mudanza

En ciertas tradiciones mágicas,
los discípulos dedican un día al año o un fin de semana,
si fuese necesario, a entrar en contacto con los objetos de su casa.

Tocan cada cosa y preguntan en voz alta:
—¿Realmente necesito esto?
Cogen los libros de la estantería:
—¿Volveré a leer este libro algún día?
Miran los recuerdos que guardaron:
—¿Aún considero importante el momento que este objeto me hace recordar?
Abren todos los armarios:
—¿Cuánto tiempo hace que tengo esto y no lo he usado? ¿Lo voy a necesitar?

Dice el maestro:

Las cosas tienen energía propia.
Cuando no se utilizan, acaban por transformarse en agua estancada dentro de casa,
un buen lugar para mosquitos y podredumbre.
Es preciso estar atento, dejar que la energía fluya libremente.
Si conservas lo que es viejo,
lo nuevo no tiene espacio para manifestarse.

Extracto de Maktub (Paulo Coelho)

Ligero equipaje

Últimamente me he acostumbrado a vivir de un sitio para otro, una semana aquí, otra allá. Transportando poco equipaje. Lo justo de ropa y calzado, unos cuantos libros y apuntes… y mi preciado MacBook (aquello que me mantiene enganchado a la red de redes). La verdad es que moverte con poco lastre te libera de cargas mentales, te permite concentrarte en lo esencial de la vida. Aprendes que viajar ligero de equipaje es un valor en sí mismo.

Mudanzas

Y ahora ha llegado el momento de la mudanza, ahora toca seleccionar que objetos mudar de una antigua vivienda. Aplicaré los principios que apunta arriba el maestro… aunque ya puedo asegurar que me voy a desprender de casi todo… excepto de aquellos objetos que sirvan de soporte a las diferentes formas del Arte y de la Ciencia.

A estos les tengo demasiado apego… aunque quizás no sea bueno tanto apego a unos simples objetos, por mucho Arte o Ciencia que contengan. El día que la muerte nos llame por nuestro nombre, tendremos que partir y seleccionar lo mínimo: algo que sea ligero equipaje para tan largo viaje.

Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo. (Paul Morand)

Que tinguem sort de Lluis Llach, con sus letras

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En busca de la perfección

La mujer perfecta

La mujer perfecta

Nasrudin conversaba con un amigo.

– Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte?

– Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.

Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.

Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.

– ¿Y por qué no te casaste con ella?

– ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.
Fuente: Cuentos de Nasrudin en PersonArte

Un cuento: la mujer perfecta

Aquí tenéis un divertido cuento de la sabia tradición sufí. Aunque yo mismo no he sabido captar la encubierta moraleja de este cuento… Nos invita a pensar que la búsqueda de cualquier tipo de perfección es una quimera y que si nos emperramos en ello, fracasaremos en el intento. Nos alecciona que nuestra imperfección nunca podrá obtener el reflejo de una perfección. Pero no lo tengo del todo claro…

Como empedernido y pertinaz soñador que soy, creo que hemos de continuar sin desfallecimiento a la búsqueda de cualquier quimera imposible que alimente nuestros sueños. Ha de ser así pues todos los sueños contienen, en su esencia, la más pura perfección. Y todos los sueños, más tarde o más temprano, si creemos de verdad en ellos, se convierten en realidad.

La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener. (Antoine de Saint-Exupéry)

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Los cuentos del futuro

Un cuento, de tanto en tanto, no hace daño

Un cuento, de tanto en tanto, no hace daño

Ojalá todos los niños fueran tan osados como los de Forges. A veces, es más fácil que se entretengan con todo tipo de dispositivos electrónicos. Éstos no están del todo mal… pero en su justa medida.

La lectura: Cuentos de todos los colores

Cuentos de todos los colores

Cuentos de todos los colores

Los cuentos son maravillosos para incentivar en los niños el hábito de la lectura y la comprensión, el vocabulario, la imaginación y los valores. Además, si son compartidos entre padres e hijos, la experiencia puede ser tremendamente enriquecedora. Tal experiencia crea unos valiosos lazos emotivos entre los participantes. Puedo asegurar que es así.

Hace unos años busqué un libro de cuentos para compartir con mi hijo. Buscaba un libro que contuviera cuentos no demasiado extensos (unas cuantas páginas a lo más) y encontré esta pequeña maravilla: Cuentos de todos los colores. Es una recopilación de cuentos de una gran diversidad de paises del mundo: uno por país. Este libro enseña, por tanto, la pequeña sabiduría encerrada en cada relato y, de regalo, el valor de la pluralidad. Aprender que todas las culturas del mundo nos pueden ofrecer algo de su inmensa sabiduría es algo impagable.

Con este libro entre manos, mi hijo y yo, compartimos inolvidables tardes de domingo. Leyendo, algún rato él, algún rato yo. Aprendiendo pequeñas moralejas extraídas de diferentes puntos de la geografía mundial. Repito, inolvidable.

Además, este libro plantó una diminuta semilla en nuestros corazones: la de visitar los países que conformaban tan peculiar geografía. Nos convirtió en aviadores imaginarios.

La escritura: los cuentos del futuro

Y después del tiempo de la lectura, ahora llega el tiempo para la escritura. Después de habernos empapado de cuentos, de novelas, de cómics y de países… vamos a iniciar una nueva etapa: la creativa.

En otro artículo ya explique que los mapas mentales son una excelente herramienta para la creación/narración de cuentos en grupo. Ha llegado el momento de utilizar todos los medios a nuestro alcance para plasmar nuestra memoria y nuestra imaginación en palabras y pinturas. Ha llegado la hora de crear los relatos que constituirán el relato de nuestro futuro.

Hoy mismo es el aniversario de mi hijo Marc: cumple 14 años. Es un día que me recuerda la fortuna del primer día que lo tuve entre mis brazos. Hoy le he entregado un vale por una vuelta al mundo (gracias a Mariana, por su casual susurro desde Chile el día de mi último aniversario) que realizaremos una vez haya cumplido 18 años. Una vuelta al mundo que será pagada exclusivamente por el fruto de nuestra creatividad.

Y ahora ya está escrito, por duplicado: en un vale y en el blog de las dos gotas de sangre: Rojo Transitorio. Incluso tengo la certeza de que ya estaba escrito en algún lugar. Creo que mi corazón sólo ha recordado un eco del futuro. Pero ahora el compromiso se ha convertido en algo inexcusable: Verba volant scripta manent.

Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe. (Jorge Luis Borges)

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Envejecer o madurar

Una cara para Rose

Un rostro envejecido y un espíritu inmaduro

El primer día en la universidad nuestro profesor se presentó y nos pidió que procuráramos llegar a conocer a alguien a quien no conociéramos todavía.

Me puse de pie y miré a mi alrededor, cuando una mano me tocó suavemente el hombro. Me di la vuelta y me encontré con una viejita arrugada cuya sonrisa le alumbraba todo su ser.

Hola, buen mozo. Me llamo Rose. Tengo ochenta y siete años. ¿Te puedo dar un abrazo?. Me reí y le contesté con entusiasmo: ¡Claro que puede! Ella me dió un abrazo muy fuerte. ¿Por qué está usted en la Universidad a una edad tan temprana, tan inocente?, le pregunté.

Riéndose, contestó: ‘Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener unos dos hijos, y luego jubilarme y viajar’.

‘Se lo digo en serio’, le dije. Quería saber qué le había motivado a ella a afrontar ese desafío a su edad.

‘Siempre soñé con tener una educación universitaria y ahora la voy a tener!’, me dijo.

Después de clases caminamos al edificio de la asociación de estudiantes y compartimos un batido de chocolate. Nos hicimos amigos enseguida. Todos los días durante los tres meses siguientes salíamos juntos de la clase y hablábamos sin parar. Me fascinaba escuchar a esta “máquina del tiempo”. Ella compartía su
sabiduría y experiencia conmigo.

Durante ese año, Rose se hizo muy popular en la Universidad; hacía amistades a donde iba. Le encantaba vestirse bien y se deleitaba con la atención que recibía de los demás estudiantes. Se lo estaba pasando de maravilla.

Al terminar el semestre le invitamos a Rose a hablar en nuestro banquete de fútbol. No olvidaré nunca lo que ella nos enseñó en esa oportunidad.

Luego de ser presentada, subió al podio. Cuando comenzó a pronunciar el discurso que había preparado de antemano, se le cayeron al suelo las tarjetas donde tenía los apuntes. Frustrada y un poco avergonzada se inclinó sobre el micrófono y dijo simplemente, ‘disculpen que esté tan nerviosa. Dejé de tomar cerveza por cuaresma y ¡este whisky me está matando!’

‘No voy a poder volver a poner mi discurso en orden, así que permítanme simplemente decirles lo que sé.’

Mientras nos reíamos, ella se aclaró la garganta y comenzó:

‘No dejamos de jugar porque estamos viejos; nos ponemos viejos porque dejamos de jugar. Hay sólo cuatro secretos para mantenerse joven, ser feliz y triunfar.’ Tenemos que reír y encontrar el buen humor todos los días. Tenemos que tener un ideal. Cuando perdemos de vista nuestro ideal, comenzamos a morir. ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo saben!’ Hay una gran diferencia entre ponerse viejo y madurar. Si ustedes tienen diecinueve años y se quedan en la cama un año entero sin hacer nada productivo se convertirán en personas de veinte años. Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año sin hacer nada tendré ochenta y ocho años. Todos podemos envejecer. No se requiere talento ni habilidad para ello. Lo importante es que maduremos encontrando siempre la oportunidad en el cambio. ‘No me arrepiento de nada. Los viejos generalmente no nos arrepentimos de lo que hicimos sino de lo que no hicimos. Los únicos que temen la muerte son los que tienen remordimientos.

Terminó su discurso cantando ‘La Rosa’. Nos pidió que estudiáramos la letra de la canción y la pusiéramos en práctica en nuestra vida diaria.

Rose terminó sus estudios. Una semana después de la graduación, Rose murió tranquilamente mientras dormía.

Más de dos mil estudiantes universitarios asistieron a las honras fúnebres para rendir tributo a la maravillosa mujer que les enseñó con su ejemplo que nunca es demasiado tarde para llegar a ser todo lo que se puede ser.
Fuente: Reflexiones en Leonismo Argentino.

Madurar es opcional

Parece demasiado obvio ¿no? Tal como Rose apunta en su magistral discurso, deberíamos mantener nuestro espíritu eternamente joven, pero, sobre todo, debemos desearlo.

¿En que momento empezamos a envejecer? Cuando se pierden las ganas de aprender, de ser creativos, de imaginar proyectos, de llevar a cabo tales proyectos. En ese momento, empezamos a morir de viejos: comienza la cuenta atrás de nuestra vida.

Mientras haya algún proyecto en mente, alguna cosa nueva que aprender, habrán razones para seguir adelante: nuestro espíritu se mantiene joven e inmaduro.

Hace un tiempo, un antiguo amigo me comentó, a raiz de su aniversario:
Nos hacemos viejos
y yo le respondí:
no creo… quizás, con nuestra edad, ya hayamos atravesado el ecuador de nuestras vidas pero siempre me ha gustado pensar que éstas todavía no han alcanzado su zenit.

Todos tenemos un sol que ilumina nuestras ganas de vivir con intensidad y pasión. Y tan sólo se debería abandonar la vida cuando ese sol se encontrara en su punto más alto. Tal como hizo Rose.

Envejecer es obligatorio, madurar es opcional. (Anónimo)

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La sinergia de la colectividad

In the Forest by Hartmut Lerch

Todos los maestros dicen que el tesoro espiritual es un descubrimiento solitario.

¿Entonces por qué estamos juntos? -preguntó uno de los discípulos a Nasrudin, el maestro sufi.

Ustedes están juntos porque un bosque siempre es más fuerte que un árbol solitario -respondió Nasrudin-. El bosque mantiene la humedad del aire, resiste mejor a un huracán, ayuda a que el suelo sea fértil.

-Pero lo que hace fuerte a un árbol es su raíz. Y la raíz de una planta no puede ayudar a otra planta a crecer.

-Estar juntos en un mismo propósito, es dejar que cada uno crezca a su manera; éste es el camino de los que desean comulgar con Dios.

(Paulo Coelho)

La importancia del bosque

En este sencillo cuento enmarcado en la tradición Sufí se remarca la importancia de la colectividad. Una sociedad es el marco perfecto para el desarrollo del poderoso concepto de sinergia. Y la vida no es nada más que la cooperación en aras de un objetivo común: la felicidad de todos.

Dios ha creado al hombre como una animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad. (John Locke)

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