Quemar la culpa

culpa

Culpa… ¿de qué?

En el comienzo de su lucha, el guerrero de la luz afirmó: “Tengo sueños”.

Después de algunos años, percibe que es posible llegar a donde quiere; sabe que será recompensado.

Llegado ese momento, se entristece. Ha conocido la infelicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad, y considera que no merece lo que está a punto de recibir.

Su ángel susurra: “Entrega todo”. El guerrero se arrodilla y ofrece a Dios sus conquistas.

La Entrega obliga al guerrero a parar de hacer preguntas tontas, y lo ayuda a vencer la culpa.
Extracto del Manual del guerrero de la luz (Paulo Coelho)

Culpa

Ayer decidí lanzar a la hoguera un sentimiento que me atenazaba: la culpa. La culpa del adolescente, del adulto que ahora soy.

Elegí un rotulador repleto de tinta roja. Escribí en letras grandes, mayúsculas y separadas, cada una de las letras de ese insidioso sentimiento: La C, la U, la L, la P y la A. No las quería ni sentir en contacto con mis dedos.

El trazo contenía dolor, era una caligrafía demasiado tangible, nacida de la tierra. Levanté el papel para ponerlo a la altura de mis ojos. Miré ese soporte vegetal y noté como ligeras gotas tintadas de rojo, imbuidas de algún pecado ancestral, se deslizaban hacia abajo. Llegaban al límite inferior del papel y se apresuraban a concentrar goterones aun más rojos, aun mas rencorosos. Incluso alguno bajó más allá, buscando la imaginaria linea que lo conectaba con la tierra.

Pensé que esa lágrima roja nunca debía haber abandonado la tierra que la vio nacer.

Inocencia

Ayer decidí devolver a mi vida un sentimiento que añoraba: la inocencia. La inocencia del neonato que aun guardo en mi interior, la pureza de mi niñez.

Elegí una ligera pluma de color azul. Escribí en letras pequeñas y ligadas, cada una de las letras de ese ansiado sentimiento: La i, la n, la o, la c, la e, la n, la c, la i, la a. Sin solución de continuidad, tocándose en lo más íntimo.

Sentí que tal como escribía un aire fresco llenaba esos signos. Al acabar la linea que abrazaba sus letras, no pude evitarlo, de mi laringe brotó el suave susurro que dibujó en el aire el sonido puro de aquella palabra: inocencia.

Solve et coagula

Una vela, temblorosa pero firme, sirvió de hoguera para mi culpa. Una sencilla llama consumió un papel, disolvió mi culpa. Se llevó el pecado y su fealdad.

El papel que sobrevivió (pues siempre debe sobrevivir uno) se coaguló en mis manos. Lo deposité cerca del corazón, cerré mis ojos sintiendo como el calor de mis latidos lo protegía y respiré profundamente su gracia.

Entrego a Dios mi conquista, mi lucha de los últimos tiempos, mi batalla futura. Dios sabrá guardarla entre sus más divinos tesoros: la virtud y la hermosura.

Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo. (Benito Pérez Galdós)

El árbol de las moras

El árbol no es otra cosa que una llama floreciente

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Publicado el junio 24, 2012 en Relato, Reseñas y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 13 comentarios.

  1. Te dejo un temita que me gusta mucho y que me lo han recordado tus dos últimas entradas.

    Espero que te guste.
    Una abraçada.

    • bella canción… no conocía a Blackfield…
      me ha quedado “colours fade and turn to shades of grey
      eso es lo que pasa cuando nos llenamos de culpa, o cuando no tenemos clara nuestra misión en la vida… muy descriptivo

      gracias por tu aportación musical, Rabya
      una abraçada de tornada 🙂

  2. La culpa… a veces es inevitable lanzarnos en una búsqueda de motivos que puedan explicar lo que nos ha acontecido, qué nos llevó hasta ahí, y meditamos sobre lo que hemos hecho o no hecho previo al desastre, y siempre encontramos cosas que hacen que nos sintamos culpables, y en la culpa encontramos cierto sentido, cierta explicación, y nos lamentamos, nos arrepentimos y nos autocompadecemos pero… en el fondo sabemos que en realidad, la culpa, es de otros…

    Hemos sido educados para sentirnos culpables. Cuando actúas en conciencia, no debería haber cabida para la culpa. No?

    • Comparto tus palabras, lorienrocks… pero permíteme discrepar solo en un punto: “en realidad, la culpa, es de otros…

      ni siquiera eso… nadie es culpable, todos somos inocentes

      incluso las personas o los hechos que nos han producido cierto sufrimiento, tienen una misión oculta… son el canal para un aprendizaje que teneníamos pendiente

      ¿cómo podríamos culpar a una persona o cierto hecho que se cruza en nuestro destino para enseñarnos algo? a mi me ha costado media vida entender esa (extraña) pauta de la existencia

      … y como apuntas al final: actuar en consciencia es clave, nos libera de la culpa, nos hermana con la inocencia

      • Pensar que todos somos inocentes… Puede que tengas razón, puede que en la mayoría de los casos (aunque no en todos)la culpa no sea de nadie. No deberíamos, pues, buscar culpables, pero nos sentimos mejor si encontramos uno, verdad?

        De todas formas, si a lo que hemos venido a este mundo es a aprender a soportar el dolor y el sufrimiento, de haber sido preguntada antes de arrojarme aquí probablemente me hubiera ahorrado este tortuoso viaje… porque al final, adónde va tanto conocimiento?

        • encontrar culpables es humano, nuestra (oculta) divinidad nos enseña a convertirlos en inocentes

          sobre la (auto-impuesta) tortura de nuestro viaje, sobre el sentido/valor del conocimiento, podría escribir un libro entero… quizás algún día lo haga 🙂

          gracias por tus reflexivos comentarios, lorienrocks

  3. Qué preciosa entrada, qué bien descrita (con la gota roja que vuelve a la tierra), inevitablemente me ha recordado a mi limpieza explicada en la entrada del estornudo, hace ya un mes.
    Qué bonita psicomagia te has hecho, en San Juan (yo también he hecho mi pequeño ritual de San Juan!! coincidimos nuevamente!), claro que sí, y está bien que te quedes con algo, que en haber destruido algo también plantes la semilla de lo nuevo, la inocencia- que no ingenuidaa-, qué hermoso.
    Curioso, a mí me das siempre una sensación de ser alguien bastante puro e inocente, en el buen sentido, porque trasmites una ilusión, una chispa de apreciar lo pequeño, bonito y mágico de la vida y sus sincronicidades, que no te hubiese pensado tan lleno de culpa. Eso sí, es estupendo que hayas hecho un rito para liberarte de ella si te pesaba, eso es inversión en salud, no sabes la cantidad de enfermedades, más o menos graves, que pueden tener en origen ese sentimiento tan pegajoso y ancestral como es la culpa. Te voy a dar un link para el tema de enfermedades, mi pareja encontró un libro de consulta online muy detallado del origen emocional de dolencias y enfermedades, es siempre super interesante consultarlo, por gente de alrededor (por ejemplo la enfermedad que tuvo tu padre, se me ocurre), pero por supuesto de uno mismo, para entender lo que te está diciendo el cuerpo y de dónde puede venir: http://www.escuelaclaridad.com.ar/Archivos/Diccionario_Enfermedades.pdf
    Me has puesto los pelos de gallina, Xavier, y eso no es fácil. Un abrazo grande dando ánimos a tu más inocente ser que crece.

    • Esta es una de esas entradas que ha sido “canalizada” tal como un día apuntaste.

      Tiene su origen en una charla a la que asistí el pasado sábado 23.

      En esta charla, una persona canalizadora de mensajes espirituales nos instruyó sobre este sencillo acto psico-mágico (el de los dos papeles, que yo desconocía) y posteriormente me transmitió dos mensajes (a nivel particular) que me dejaron perplejo. Uno de ellos, el primero, hacía referencia a la culpa (en palabras textuales: a no sentirme digno o a sentirme impuro)

      Después de salir de aquella charla, no he parado de darle vueltas a aquel mensaje… rebuscando en mi existencia para descubrir el origen de esa pesada carga… una carga que siempre he intuido.. que siempre he notado…

      aunque la culpa es un concepto muy turbio (con numerosas caras y numerosos reflejos, todos rodeados de una espesa neblina) poco a poco he ido aclarando el aspecto más preponderante

      tu comentario también ha ayudado a alimentar mi intuición: mi (inconsciente) gota roja me ha (re)sonado a menstruación, al inicio de una nueva etapa donde la sexualidad ya es inherente, tal como ocurre a partir de la adolescencia…

      gracias por el apunte del libro, lo he hojeado y entiendo muy bien a lo que se refiere: las enfermedades del cuerpo físico son un simple reflejo del cuerpo emocional

      yo no te he puesto la piel de gallina, simplemente he sido un canal para ello…
      gracias por el ánimo que insuflas a mi inocencia 🙂
      otro abrazo grande, pgatina

      • ( Sólo así como por apuntar un detalle: tu gravatar son dos gotitas rojas… ¿coincidencia? ¿Este blog sirve para liberar culpa, limpiarte (a tí-gota grande y a tu hijo-gota pequeña- no pasársela) y empezar a vivir de nuevo? )

        • 😀 nada es casual, ni siquiera coincidencia… mi intuitiva amiga

          está claro que este blog me está sirviendo para limpiar muchas culpas y proyectar muchos sueños 🙂

  4. a veces! me siento culposa, culposa de no pasar a saludarte! pero al leerte me saco la culpa y me lleno de alegría! alegría de saber que hay gente como tú que ve mas allá del horizonte.

    un abrazote!!!! desde del azulado pacífico

    • para nada te sientas culposa 🙂 la culpa y el pecado pertenecen a un viejo paradigma por quemar, por enterrar

      abajo con el sufrimiento!! arriba con la alegría!!

      otro abrazote!!!! desde del azulado mediterráneo

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