El misterio de las coincidencias

Perdidos en el misterio

Perdidos en el misterio

Cuando uno llega a una edad avanzada y evoca su vida, ésta parece haber tenido un orden y un plan, como si la hubiera compuesto un novelista. Acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama coherente. Así como nuestros sueños incluyen un aspecto de nosotros mismos que nuestra conciencia desconoce, nuestra vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de nosotros. Y así como personas a quienes nosotros conocimos por casualidad se convirtieron en agentes decisivos en la estructuración de nuestra vida, también nosotros hemos servido inadvertidamente como agentes, dando sentido a vidas ajenas. La totalidad de estos elementos se unen como una gran sinfonía, y todo se estructura inconscientemente con todo lo demás… El grandioso sueño de un solo soñador, donde todos los personajes del sueño también sueñan… Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada. Es como si hubiera una intención única detrás de todo ello que siempre cobra un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sabe cuál es, o si ha vivido la vida que se proponía. (Schopenhauer – Joseph Campbell)

Si estamos verdaderamente comprometidos a realizar nuestro sueño, descubriremos que existe una fuerza poderosa que está más allá de nosotros y nuestra voluntad consciente, una fuerza que nos ayuda en el camino, alimentando nuestra búsqueda y transformación. (Joseph Jaworski)

A menudo he tenido experiencias, aparentemente accidentales, tanto en el trabajo como en mi vida privada, y siempre me he sentido intrigado por ellas y me he preguntado cómo ocurren… Mi indagación de la sincronicidad surgió de una serie de sucesos existenciales que me llevaron a un proceso de transformación interna… las cosas empezaron a encajar sin esfuerzo y comencé a descubrir personas notables que me prestarían una ayuda inestimable. (Joseph Jaworski)

Comenzamos a darnos cuenta de que ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes. Comienza a operar una estructura de causas subyacentes, un conjunto de fuerzas, como si estuviéramos rodeados por un campo magnético en el que los imanes se alinearan automáticamente. Pero dicho alineamiento no es espontáneo en absoluto, se trata simplemente de que los imanes están respondiendo a un nivel de causalidad más sutil. (Peter Senge)

Hay dos cosas en las que he llegado a creer, implícitamente, acerca del mundo en que vivimos, una es que nada de lo que en él ocurre es independiente de cualquier otra cosa. La otra es que nada de lo que ocurre es completamente fortuito y producido del azar. Estas dos creencias son partes de la misma intuición: si todo lo que ocurre está de alguna manera enlazado con todo lo demás, ello quiere decir que todo actúa de alguna manera sobre todo lo demás. Nada ocurre de una manera puramente azarosa. No existe tal cosa que sea pura coincidencia. Cuando algo ocurre, lo hace en cierta relación, a pesar de su probabilidad extremadamente sutil, con otras que pasan o han pasado dentro de esa región de espacio y del tiempo. (Ervin Laszlo)

Todos hemos tenido esos momentos perfectos en los que todas las cosas parecen encajar de una manera casi increíble en los que los sucesos que no podíamos prever, y mucho menos controlar, parecen guiar notablemente nuestro camino. A estas alturas, tu vida se convierte en una serie de milagros predecibles. (Joseph Jaworski)

En cualquier momento pueden ocurrir coincidencias significativas… Podemos estar enfrascados en nuestros asuntos diarios cuando, sin previo aviso, se produce un hecho fortuito que atrae nuestra atención. Puede que nos dé por pensar en un viejo amigo que hacía años que no acudía a nuestra mente y luego, después de haberlo olvidado por completo, resulta que al día siguiente nos encontramos con él… Las coincidencias pueden tener que ver con la oportuna llegada de cierta información especial que no sabíamos cómo conseguir, o con la súbita comprensión de que la experiencia que vivimos en el pasado, con cierto interés, era en realidad una preparación para proporcionarnos una nueva oportunidad o un trabajo. Al margen de los detalles con que pueda presentarse una coincidencia particular, el hecho es que resulta demasiado improbable que haya sido consecuencia del azar o la mera casualidad… En cierto modo sentimos que tales acontecimientos estaban de algún modo predestinados, que se esperaba que sucedieran exactamente en el momento en el que lo han hecho con el fin de reorientar nuestras vidas hacia una nueva y más inspiradora dirección. (James Redfield)

Cada vez somos más las personas que tomamos conciencia de las coincidencias significativas que suceden cada día. Algunos de estos hechos son grandes y llamativos. Otros son pequeños, casi imperceptibles. Pero todos son una prueba de que no estamos solos, de que hay algún proceso espiritual misterioso que influye en nuestras vidas. Una vez que tenemos la experiencia del sentimiento de inspiración y vida que tales percepciones evocan, es casi imposible no prestarles atención. Comenzamos a ponernos alerta ante este tipo de hechos, a esperarlos, y a buscar una comprensión filosófica más elevada de su aparición. (James Redfield)

De acuerdo con la tradición Védica, hay sólo dos síntomas que permiten definir a una persona que se encuentra en su camino a la iluminación. Primero, la sensación es que las preocupaciones están desapareciendo. No se siente abatido por la vida. Las cosas pueden ir mal, pero eso ya no le molesta más. Segundo, en cada área de su vida, comienza a notar un gran número de eventos sincronísticos. Las coincidencias con significado parecen ocurrir con mayor frecuencia cada vez. (Deepak Chopra)

Citas extraídas del libro El misterio de las coincidencias, escrito por Eduardo R. Zancolli.


Tal como iba leyendo las citas previas, mi asombro iba en aumento. Suscribo y firmo todas y cada una de las palabras contenidas en ellas. El libro que las contiene, tarde o temprano, caerá en mi biblioteca.

Mucho de lo escrito en Rojo Transitorio ha ido delineando un recorrido que parece desembocar inevitablemente en esta entrada de hoy.

Una entrada que revisa la causalidad de nuestra existencia como individuos (imbricada en una existencia de orden superior). Una entrada que revisa la conexión total entre todos los acontecimentos que están ocurriendo en este mismo instante en todo el universo. Una entrada que revisa nuestra capacidad de moldear el futuro según nuestros sueños o deseos, utilizando el nexo entre la imaginación y la emoción: el sentimiento.

Como ya es bien conocido, yo no creo en las casualidades, ni siquiera en las coincidencias. Pero ahora, por lo visto, algunas de éstas tienen una razón(?) de ser que se denomina sincronicidad.

Sincronicidad

Desde principios de este año he tenido algunas experiencias de índole sorprendente que no había sabido como categorizar. Hasta que encontré cierto artículo que definía un concepto (relativamente) nuevo para mi: la sincronicidad.

Este concepto fue definido por Carl Gustav Jung (sí, el mismo que se quedó totalmente perplejo ante el I Ching) y hace referencia a la simultaneidad temporal de dos sucesos entre los cuales no parece existir ninguna razón causal, excepto aquella atribuida por nuestro sentido (el menos común de todos los sentidos: la intuición)

Lo que conocemos vulgarmente como una casualidad o una coincidencia demasiado difícil.

Por ejemplo: si estamos pensando en una persona, y de repente, nos llega un mensaje suyo. Se trataría de un caso de eventos sincronísticos, un ejemplo de sincronicidad. Demasiada casualidad, pensaríamos.

Pero hay otros ejemplos mucho más sutiles. Como cuando una acción (o idea) nuestra es correspondida por alguna (ignota) circunstancia que llega a nuestra vida de forma sorprendente. Parece existir algún tipo de conexión pero ¿como probar tal conexión? No es posible porque no existe una explicación racional…

Quizás sí se pudiera explicar, si añadiéramos un factor emocional, pero no uno racional. La intuición clama al cielo, pero la intuición es como un niño pequeño al que contentamos, de tanto en tanto, con un caramelo para que no moleste demasiado.

Seguro que durante vuestra existencia, habréis tenido alguna experiencia de sincronicidad, revisadla con cariño… y vereis como aparecen multitud de ellas.

Pues la cuestión es que tal casualidad no es tal, sino algo que está conectado de alguna forma por cierto vínculo subyacente. Un vínculo que, en algunos casos, podría corresponder a una voluntad (in)consciente que está dispuesta a velar por nuestros deseos y atraer a nuestra vida (en apariencia nuestra, en realidad de todos) aquello necesario para su consecución.

Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello. (Hermann Hesse)

La casualidad es la manera que tiene Dios de mantenerse en el anonimato. (Albert Einstein)

Una perfecta definición de la sincronicidad, por Sting

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Acerca de xavier

No hay nada nuevo bajo el sol

Publicado el mayo 15, 2012 en Reseñas y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. según te estaba leyendo iba pensando algo que tengo claro y que más abajo tu precisamente también decías.. no existen las casualidades sino las causalidades.. la personas proyectamos y con ello obtenemos resultados y consecuencias.. la actitud es importante también y la vida no nos da un camino sino que nosotros elegimos..
    Tengo el libro del I Ching!! otra cosa en que coincidimos xavier.. al final, ves??encontrarnos tampoco es una casualidad…..

    he leído mucho sobre estas cosas, mi padre es psicólogo y me he empapado de muchos de los libros que él ha leído donde desarrollan a la perfección esta actitud para vivir la vida que tanto me ha ayudado en muchos “momentos” desagradables…

    un beso xavier, placer leerte siempre, contigo imposible no aprender algo y reflexionar sobre aquello que expones…. me gusta muchísimo.. obvio para tí ya supongo

    • completamente de acuerdo: nuestras proyecciones/actitudes determinan el futuro… si queremos cambiar el futuro, cambiemos nuestras proyecciones/actitudes

      vaya con el I Ching … si, al final, resultará que todo el mundo lo conocía menos yo 🙂

      lo maravilloso de esto de los blogs, es que todos compartimos y aprendemos…
      puedo asegurarte que yo aprendo mucho de lo que compartes en tu espacio

      un beso, gOtaSmaR

  2. ¿Casualidades? Depende como se vea. Yo creo que vamos dibujando nuestro proyecto de vida y a veces nos encontramos con situaciones que en realidad hemos buscado nosotros. Llamemoslas casualidades, pero no deja de ser lo que hemos elegido. Si no hubiéramos querido ahcer algo determinado no nos hubiéramos encontrado con una situación determinada. Besos
    Ana

    • ¿Casualidades? ¿quién cree en ellas? 🙂

      nuestras decisiones van creando nuestro futuro de una forma mucho más activa que nos creemos,
      sobre todo, cuando tenemos la clave para retorcer el destino y meterlo en nuestro camino

      Besos, Ana


  3. De un tiempo a esta parte me estoy asombrando de la cantidad de conexiones que voy palpando a mi alrededor, incluso en la distancia física, bien sean palabras pronunciadas al mismo tiempo, gestos, actitudes, ideas…

    Esas conexiones están por encima de largas distancias en el espacio. Aun así seguiré soprendiéndome día tras día cada vez que tengan lugar.

    Abrazos X.

    • en mi caso, yo no sé si se trata de que mi percepción está mas atenta a las coincidencias o si se trata de que realmente se están multiplicando éstas…
      aunque intuyo que es lo segundo…

      en cualquier caso, estoy realmente perplejo,
      porque a diversos niveles de mi existencia,
      me están llegando señales (de una forma más activa o pasiva) o “coincidencias” o “casualidades” que me intrigan y, a la vez, parecen querer guiarme

      y todas esas sincronizaciones (en su conjunto) están significando/expresando algo,
      me lo grita a voces una intuición cada día más preponderante en mi vida

      Abrazos, P.

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