La tumba de las luciérnagas

La melancolía es una tristeza, un deseo sin nada de dolor, parecido a la tristeza en la misma medida en que la neblina se parece a la lluvia. (H.W. Longfellow)

La tumba de las luciérnagas es otra obra maestra (y van…) del cine de animación creada por el maravilloso estudio Ghibli. Quizás la más triste de todas pero no por ello exenta de la más extrema belleza.

La historia se sitúa en territorio japonés durante la última fase de la segunda guerra mundial. En esta coyuntura, Seita y Setsuko, hermanos de 14 y 4 años respectivamente, son golpeados por la desgracia. Pierden a su madre en un bombardeo. Por otra parte, no tienen ninguna noticia de su padre, un oficial de la armada japonesa. Piden refugio a una tía. Ésta no los trata como sería de esperar y Seita, orgulloso y sin nadie más a quien poder pedir ayuda, decide buscar un refugio donde sobrevivir por su cuenta, a la espera de la llegada de su padre. El padre nunca llegará. El orgullo y la arrogancia, aun proviniendo del corazón más noble y puro, siempre deben pagar un alto tributo.

Cuando la belleza, la melancolía y la tristeza abrazan con fuerza el corazón, éste siente una punzante opresión. A veces es tan grande que el dolor se hace insoportable. El corazón llora desconsolado y sus lágrimas desbordan todo cauce, acabando por empañar la mirada.

La tumba de las luciérnagas es la máxima expresión de ello: cuando acaba te sientes como inmerso en un paisaje majestuoso rodeado de una neblina fantasmal, justo después de una atroz tormenta, mientras en poniente se oculta un sol que no has podido ver.

La tumba de las luciérnagas: Seita y Setsuko

Seita y Setsuko, recreados por Marc

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No hay nada nuevo bajo el sol

Publicado el agosto 31, 2011 en Reseñas y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en La tumba de las luciérnagas.

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