Lost Girls

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Lost Girls

Lost Girls (de Alan Moore en el guión y Melinda Gebbie en el dibujo) equivaldría en el mundo de la novela gráfica a lo que representó una obra como Justine (del Marqués de Sade) en el mundo de la novela convencional: un antes y un después.

Hay diferencias en la cantidad de violencia sexual y perversión, desmesuradamente superiores en la obra del Marqués de Sade, pero no en la calidad artística ni en la ruptura que las obras han representado por sí mismas.

Alan Moore, maestro de maestros en el género mayúsculo del Cómic, ya se encuentra de vuelta de todo por su edad y experiencia. Durante toda su carrera como artista ha mostrado una gran irreverencia sobre cualquier forma de statu quo y en este obra se rebela contra el aspecto mojigato de una sociedad en la que siempre se ha sentido como un elemento extraño y discrepante. Tal como expresa Alan Moore a través del relato:

La pornografía es el recreo donde las más secretas y vulnerables de nuestras muchas identidades pueden jugar con seguridad. Es ese lugar que todas las policías y todos los ejércitos del mundo exterior nunca podrán arrasar, que nunca podrán reducir a escombros. Es nuestro jardín secreto donde los senderos seductores de las palabras y las imágenes nos llevan al portal húmedo y cegador del placer… más allá del cual, las cosas solo pueden ser expresadas en un lenguaje más allá de la literatura… más allá de toda palabra… (Extracto de Lost Girls)

La obra completa contiene tres tomos y 30 capítulos, de los cuales el último (El espejo) merece un lugar de honor entre los momentos estelares de la historia del Cómic. Otro momento más (y van…) cortesía de Alan Moore. En ese último capítulo, Alicia, una de las tres chicas perdidas, apunta en referencia a su hermoso espejo de tocador y a la incipiente Primera Guerra Mundial:

Las cosas hermosas e imaginativas pueden ser destruidas. La belleza y la imaginación, no. (Extracto de Lost Girls)

Es una pena que el termino pornografía haya sido devaluado por tanta irritante mediocridad y tanta obscenidad barata, pero todavía existen artistas, como esta pareja (también sentimental), que saben elevarlo al lugar que le correspondería. Si ese lugar es un pedestal o no, lo decides tú.

Alan Moore en The Simpsons

Alan Moore firmando su obra a una lectora

Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje. (Octavio Paz)

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No hay nada nuevo bajo el sol

Publicado el agosto 19, 2011 en Reseñas y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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